jueves, 10 de diciembre de 2015

VUELVEN LOS DRUIDAS LOCOS.




Toma acidez de estómago. Me sube magma volcánico por el esófago y burbujea sin control.
Sabía yo que El Debate tendría efectos secundarios, ojalá y en Antena 3 hubiese invertido el "volvemos en 7 minutos" en publicitar Gaviscón de forma masiva para el bien general.
Que espectáculo. Una ambrosía atiborrada de conservantes y colorantes, con efecto cancerígeno en la confianza y en la inteligencia propia y colectiva.
Un derroche de talento representado en una Zarzuela 3.0 con su tragicomedia y sus entremeses.
4 mástiles. Iban a ser 5 pero este último se ha desventado como una gaseosa en un frigorífico de motel; bueno, es lo que acontece cuando el monstruo mediático no te considera ni nutritivo. Con su estampa a lo Oprah Winfrey su desarrollo ha sido de manual. Primer error garrafal.
Era como buscar donde cenar de veraneo y tras en sexto chiringuito darte cuenta de parecer estar alimentándote en una franquicia de fast food. Gusto en boca plano. Con el carácter sorpresivo de una tortuga, con hedores a fosas sépticas de índole familiar emanando de sus bocas para empañar nuestras lentes.
El efecto Mofeta vuelve para repeler de nuevo nuestra atención y recoger su victoria por aburrimiento, por lejanía y por la extrañeza de parecer hablar igual para querer decir otra cosa.
Millones de personas en sus casas frente al plasma frunciendo el ceño, aturdidos y empeñados en querer escuchar en algo que solo se sabe oír, con la capacidad de elección sin objetividad ninguna pues no se conoce. A este no lo entiendo, al mío lo interpreto y al nuevo lo lapido.
Y nos queda pasar el chaparrón de caras maquilladas y lenguas cortesanas. Con dos bastiones magulladas frente a otras dos ebrias de adrenalina. Con la batalla personal flotante, los discursos ensayados con naturalidad y los fantasmas esperando tras el cogote.
Con la única cuestión clara como reclamo, la muerte del bipartidismo, fue una canción con distinta melodía. Un intento de sucesión a la franqueza que disparaba cuchillos lo suficientemente lentos como para poder esquivarlos, si sus propios egos les dejaban.
A su favor tengo que decir, entre chascarrillos y poses, que no se me hizo pesado. Fue una función circense a lo familia Aragón, y con La Sexta de Dominatrix llegó a su meta: el reality show.
Total, que cada españolito de a pie se fue a la cama con un claro ganador hasta que al día siguiente las rameras del séptimo poder publicaron su Cayo Julio Cesar particular. A cual mejor y más meritorio.
Y el poder del reino en manos desesperadas, con un ejemplo conciso de pasar la patata caliente cuando va a ir a la basura; porque una vez el culo caiga sobre el trono se volverá a hacer un "re-decora tu vida" en el prisma básico de nuestro futuro. Volverá el Frankestein social remendado cada cuatro años incapaz ya de aguantar otro zurcido.
No sé si seré yo alarmista, pero el tiempo de protesta colectiva está durmiendo sobre un polvorín. Y la esquirla que lo prenda crece progresivamente en un país sostenido sobre brasas de hoguera.
Con el deseo maléfico en ocasiones de ver por fin ese espectáculo de pirotecnia de consecuencias nefastas para terminar de una vez con este complejo de agua estancada.
Bueno, nos queda una vez más el estreno y seguro que habrá sorpresas. Aunque sea para desprestigiar al CIS que acostumbra a mirar por encima del hombro con aires masones.
Y la gracia sigo sin verla, sobre todo al ver las sogas más prietas sobre los cuellos de todos. Mínimo exijo respeto y responsabilidad, con lo cual vamos de culo y contra el viento. Ni eso parece cultivar.
Por lo tanto solo puedo manifestar mi repudia sobre todos ellos, en particular sobre los que ejercen ya actitud de okupas en La Moncloa. No merecéis el respeto que engullís de nuestras manos; y si hay tanta gente desahogada que prefiere el caso omiso como bandera no tengo reparo el saltar por la borda con el cuchillo en la boca.
Esta vez no conseguiréis mendigar mi voto y algún día os ahogareis en el petróleo que lleváis destilando del culo a nuestra costa. Ves, así sí que estaré de acuerdo en la quema de combustible fósil.
Porque a veces lo más sensato es reducir todo a cenizas y cobrar el seguro. Buen futuro, bon apetit.

sábado, 21 de noviembre de 2015

HAIKU_TROFIA #3

 




Difícil es odiarte. Fácil es ignorarte o dejar de hablarte, para no asumir el daño que te hice. Y jamás decirte...
-----------------------------------------

Hoy tu beso sabe diferente. Tiene trazos de acidez desconocidos para mi paladar. El punto en boca deja regusto infiel.
-----------------------------------------

Ahora mismo lo estoy sintiendo. Es un volcán de energía que dispara mis neuronas haciendo danzar millones de sueños e ideas. Es un big bang majestuoso. Ahora en un rato se me pasa...
-----------------------------------------

Siento ganas de vivir. De soñar, de montar a caballo o en bici, de darme un chapuzón en la piscina, de hacer escalada... una pena que no pueda usar tampax.
-----------------------------------------

Comienza la cuenta atrás, el cuello latiendo en vena, preparado y listo. Como cuerdas de bajo vibrantes ondulando todo el cuerpo. Calentando la piel, enfocando la mirada. Precisión. El aceite, caliente. Será un huevo frito perfecto.
-----------------------------------------

Todo está envuelto en ese halo pútrido que satura mis fosas nasales. Y los poros, atorados. Ahora serán los rayos de sol los que hagan las veces de tratamiento. Y mis ojos ante el resplandor, se cierran. No disturb.
-----------------------------------------

Quiero escaparme a ese lugar lejano tan especial. Un billete de ida será más que suficiente. La maleta es el problema, entre lo que deseo y lo que necesito... tengo que contar con espacio suficiente para guardarte y llevarte conmigo.
-----------------------------------------

Un beso tuyo es suficiente. Sigue desconchando mi pecho, salando mis heridas y contagiando un respirar terminal. Mejor, dame la mano.
-----------------------------------------

Como no voy a odiarte. Contigo he vivido muchas cosas, me has visto por dentro. Llegué a quererte. Por eso al verme desprotegido ante ti, atacado, no soy capaz de entender que sea el foco de tus batallas. Cuando he abrazado tu alma, llegar a tu altura me duele. Me siento en la inmundicia. Y las lágrimas quieren ser el hilo conductor que me asemeje un perfil de monstruo. Hasta en eso quisimos ir de la mano, menos mal que he llegado a entender un camino sin ti. Y pisaré de nuevo sin el reflejo de tu amor. De tu odio.
-----------------------------------------
 
 
 
 
 
 
 
 

martes, 17 de noviembre de 2015

JE SUIS NITROGLYCERINE



Como ley de la gravedad, vuelven a quedar en evidencia nuestros intentos de civilización. Somos como un gordo hawaiano de 140 kilos intentando saltar una tapia por salvar su vida.
Si de verdad hubiese intención de hacerlo de forma intencionada sería extraordinariamente difícil; evolucionar una especie dominante, reproducirlos como un virus y cuando su existencia está madura, tan presente, enfrentarlos en la autodestrucción sin llegar a acabar con ellos. Sobrealimentados de agonía. Unos encumbrados y otros tantos medio muertos. Una idea estupenda para un juego de mesa tipo Risk.
La cosa es que la vida no es un juego. Las tablas están muy desequilibradas y la partida on-line lleva décadas sostenidas en un castillo de naipes. Se juegan manos de "Texas Holdem" entre Oriente y Occidente y se cambian las reglas al antojo; del que siempre gana o el que pierde por primera vez... hasta el que siempre pierde y la estadística le hace ganar. Algo como "en mi casa jugamos así".
Y es que las tierras de la antigua Mesopotamia son un caramelito difícil de expropiar. Cuando juegas con Estados Unidos, Francia e Inglaterra son partidas que nunca se dejan perder. Pero el ser humano termina aprendiendo, aunque sus creencias aboguen a lo contrario. Si enseñas a un perro a palos, un día ese palo te lo puedes llevar tú.
Es una evidencia tan clara que se intenta esconder cueste lo que cueste. El odio no nace por generación espontánea, sobre todo cuando ese odio se convierte en global. A nosotros, los del primer mundo, nos duele ver la barbarie cerca de nuestra cara y ante ella reaccionamos. ¿Eso nos hace ser humanos? El problema viene cuando la barbarie es recíproca y se ignora mientras comemos sentados con la tele de ruido ambiental.
Muy pocos reaccionan ante la palabra atentado si va seguido de palabras como Siria, Irak, Afganistán, Chiíes, Suníes, Líbano, Palestina... son términos de lejanía que nos producen pereza su razón y no permiten que la ingesta de comida se detenga. Si las cifras de muertos siguen creciendo en ambos lados, alberga una hipocresía que no defiende a ninguno de ellos.
Hasta que te topas con el PETRÓLEO. Ese gran oro negro que todo lo mueve y que todos quieren.
Siempre aparece en voz baja tras los ataques y los golpes de estado teledirigidos, pero es tan necesario que tiene el poder de la ceguera y el silencio. Porque no estamos dispuestos a prescindir de la autonomía de un coche. O del alimento fósil más deseado.
Entonces, ¿por qué toda esta ola de enfrentamientos? ¿Por qué el terrorismo islamista sigue a flote frente a las potencias más fuertes del planeta? Siempre he tenido la seguridad que en un acto de cojones sobre la mesa bastaría con lanzar un par de bombas nucleares sobre esta zona para acabar con todo, puestos a actuar sin cabeza. Pero eso es... con todo, y el valor de esas tierras es demasiado valioso. Todos los gigantes del primer mundo están salivando frente a un jugoso petróleo que, bajo su punto de vista, está en manos inservibles.
Si sus tierras rebosaran azufre no estaría ni remotamente crispada esta situación. Pero es algo tarde para sacar pecho. Hay demasiados ojos mirando; sólo en Europa hay millones de árabes cohabitando entre nosotros totalmente integrados, y esa sensación de tener "al enemigo" dentro de casa pone muy nerviosos a aquellos que buscan controlar el caballo ganador.
Porque es una situación incontrolable.
Porque el terrorismo se ha vuelto portátil y no se puede acorralar. Porque ante tal estrangulamiento han ganado varias manos con el fantasma de un quizás puedan llevarse la partida. Por eso se manipulan los medios. Por eso se utilizan las barbaries de forma selectiva y por eso se está llegando a un ecuador donde el miedo es lo único que está siendo recíproco.
Mueren miles de personas en atentados por todo el mundo pero solamente se hacen programas testimonio en las urbes poseedoras de wifi. Ese doble rasero nos saldrá muy caro.
El negocio armamentístico que gestionamos no tiene moral, el doble rasero alimenta el odio y en un mundo mezclado de creencias se antoja un horizonte volátil. Es demasiado tarde para ir poniendo un bozal de forma selectiva y nuestro progreso hace sumamente fácil el intercambio de abrazos o explosivos.
Nos hace poco inteligentes no reconocer el miedo, igual que no entender la ira de cualquiera que pierda a un ser querido y esté capacitado para responder.
No parece haber una solución que no sea dramática. Y no se ve un futuro de conciliación. Lo único claro que nos queda es contabilizar las bajas en una competición macabra donde sí habrá un ganador. O perdedor, de eso se encarga el tiempo.
Por eso es tan peligroso jugar a las civilizaciones, porque se juega con el sentimiento. Y este es muy inestable.
Nuestra bandera es egoísmo y soberbia, el miedo su combustible y ahora tendremos que esperar cuales son las consecuencias para ambos lados de beber nuestras propias hieles en una partida donde TODOS por desgracia tenemos las manos manchadas.
Que juego de mesa más horrible.
 
 
 
 
 
 
 
 

jueves, 12 de noviembre de 2015

KILÓMETRO CERO.





Qué día tan especial. Creo que es miércoles o jueves, no estoy seguro, y debe ser medio día porque como no uso ya reloj no puedo ser preciso. Pero es un gran día.
He despertado sin despertador, que gustazo. He desayunado lo que de normal hubiese cenado; no tengo expectativa de hambre posterior a una hora. Y voy a bajar a dar una vuelta sin rumbo, a ver que hago.
Como hoy es el gran día necesitaba tener todos los cabos bien atados, o mejor dicho bien cortados, al ras.
Hace dos días pedí la cuenta en el trabajo. Primero fui uno a uno a los pestosos que no soportaba como compañeros para desahogarme pero bien. Tuve distintas reacciones pero la mayoría fueron de estupefacción. Son lo más desnatado que puede existir. Seguidamente me despedí en el despacho, con mi jefe como una tetera con vapor. Fue tal la herida de su orgullo que no pudo evitar tirar bocados al aire, frustrado por la sensación amarga de no poder volver a tratarme como una mierda.
Como anteayer fue un buenísimo día también, con la plena liberación laboral y todo mi subidón no pude evitar hundir su cara con una señora hostia. Muy muy muy liberadora sí señor, amen. Quizás se llevó parte que no le tocaba pero así es la vida. Su labio partido fue suficiente recompensa aunque fuese momentánea.
Una vez recogidas mis cosas y firmado el papelito de "good bye" comenzó el nuevo amanecer.
La lista de objetivos daba pistoletazo de salida. A menguar. Seguidamente tocaban las relaciones sociales. Con el cuchillo jamonero de la moral bien afilado me dediqué todo el día de ayer a cerrar todos los contratos de amistad.
Sin criba, arrasando, fui quedando con todos ellos en diferentes momentos del día. Una prisa subliminal me apretaba el cuello, no habiendo terminado de zanjar con uno ya estaba pensando en el siguiente. Podrían haberme convalidado el Camino de Santiago perfectamente, y desde Ponferrada, con la cantidad de paseos que pude pegar por toda la ciudad. Si lo llego a saber hubiera alquilado un auditorio para congregarlos a todos pero tengo que ahorrar lo máximo posible para mi nieva etapa.
Dejé a los más conflictivos para el final e incluso tuve que mentir en alguna ocasión para poder verles, pero estaba totalmente dispuesto a terminar con todo lo planeado en el día de ayer. Sin excepciones, salvo Carlos pero esa era otra historia.
La lista iba bajando y mi mochila iba perdiendo peso. Mi objetivo era vaciarla por completo y de eso no había margen de error ni duda.
Y hoy ha sido el día. Desde hace meses tenía preparado el lugar y la ayuda inestimable de Carlos. Un gran amigo, de los de verdad, que no hace falta verle o tratarle pero está ahí.
El plan se ha sucedido a la perfección, ansiaba conseguirlo y tener por fin un punto y aparte en mi vida. Cristina trabaja cerca, estaba preparado para cuando volviera a casa.
Con todo listo fui a buscarla para la sorpresa; no se lo iba a creer, conociéndome pensaría que nunca podría hacerlo posible. Desde luego con todo el recorrido que llevamos juntos... su cara, para mí, no iba a tener precio.
Me coordine con Carlos para su parte del plan. Acudí a donde estaba para rematar las últimas cosas y después fui a por Cristina. Ansioso era poco.
La única pega es que tenía que volar a la otra punta de la ciudad, pero hasta eso estaba bajo control.
Si no llega a ser por Carlos no hubiese podido hacerlo. Nunca le había pedido un favor importante; cosa que él ya me tuvo de su lado cuando le presté dinero para la que lió en aquella partida de póker... y cuando recogí a su hermana etílica en aquel parque de salvajes; si no la llego a llevar tan rápido al hospital se hubiera quedado en el sitio.
Puede que esto entrame más responsabilidad, por lo menos para mí, pero ahí es donde se ve la verdadera amistad. Con esa mirada fija gritando "hoy por ti, mañana por mí".
Llegué apurado al segundo acto pero me presenté a tiempo. Puse mi coche en el arcén, con el capó subido como si fingiera avería. La idea era llamar su atención desde allí y abordarla en plan sorpresón.
En cuanto la vi venir empecé a hacer aspavientos y coló a la perfección. Paró pocos metros después y acudí a ella: ahí en medio de la nada, su cara de estupefacción lo decía todo. Lo difícil fue convencerla a dejar su coche allí y venirse conmigo, pero por lo menos estoy orgulloso de mis pinitos teatrales.
En cuanto la llevé al lugar no se lo podía creer. Al principio estaba descolocada pero luego se le saltaban las lágrimas. Por más que intento recordar tiempo atrás no encuentro ningún recuerdo tan emotivo entre los dos. Cada reacción suya me colmaba de felicidad, quitando lastre de mi espalda, finiquitando esa lista y libreando por fin mi espíritu hasta cotas inalcanzables.
Y como esperaba... todo salió perfecto. Nunca lo podré olvidar, por fin podía decir que al final había conseguido, con el horizonte de mi corazón y mi alma por escribir. Solo tenía que volver con Carlos y zanjar totalmente el plan.
Según volví, busqué a Carlos y salimos del recinto. Era de unas charlas sobre cine independiente con una proyección en un recinto abierto, tipo cine de verano. Te daban pases registrados con DNI, perfecto. Nos dimos un abrazo y hasta más ver. Sin preguntas, sin reproches.
Con mi culo tapado y Cristina en el hoyo, literal, solo me queda despegar.
Me siento tan ligero que debería echarme unas piedras al bolsillo. Por fin descansa de un palazo en la cabeza, el único palo que recibió por mi parte a cambio de una vida de mierda y sufrimiento. Con maltratos psicológicos constantes, humillaciones y demás joyas del muestrario de hija de la gran puta. Con un hoyo perdido en medio de la nada y una cama mullida de cal viva no podía pedir más. Bastante será abrazar a mi suegra cuando se destape todo, en plan dramón, pero será el abrazo de judas. Por mala, bicho y manipuladora.

Una cosa si hizo bien, fomentar mi cobardía; hasta atrofiar mi respiración y hundir mi punto de vista en lágrimas. Ahora, solo tengo que esperar el trance y el duelo. Todo el dolor que en años me ha pesado será el combustible para lidiar esto último, esperando después levantar el vuelo.
Tengo dinero. No sé a dónde ir, había olvidado lo que es abarcar mi vida totalmente. Y no es vértigo. Sólo son las mariposas que estaban muertas sobre mi estómago, que andan revolucionadas interpretando a un ave fénix.
Ahora ya hay un punto y aparte. Sin lastres, sin grilletes y sin pasado. Con las ganas de vivir que me robaron y casi consiguieron hacerme morir en vida. Por eso hoy empiezo a caminar. Empezando de Cero.

miércoles, 28 de octubre de 2015

CARNE VIVA, ESPEJO ROTO.




Los ojos te anunciaron miedo espeso de goteo interminable. No se palpa en la escena y se destila atemporal. Para desnutrir tu sustrato, para ejercer sobre tus pupilas la presión.
Ves el gesto recio frente a ti, sin vacilar. Tu presencia es adecuada al rehúye. Girando esquinas de aire sigue tu estela, en acoso atado a los tobillos.
Lo siguiente sigue al jadeo del sprint, desbocado en la huida de semejante monstruosidad insaciable. Constante.
Sin ideas en caliente, ramifica tu desesperación. Implorando su absolución. Abriendo los mares de la gente sorda del montón que miran al suelo ante tu vejación.
La ira despierta, pellizcada por la mofa flotante, con nulas posibilidades de escape más adelante. Y crece el valor sin tu apoyo al enfrentamiento. Atado a las espaldas con el diablo petulante avistando el momento cumbre de encarar la lucha incesante.
Plantas su silueta liberando a tu sombra. De frente. Con la mirada de puñales lanzados a su cara. No hay marcha atrás. Saltando sobre su espacio y pegando las puntas de la nariz, esperando ataque, empuñando el arma que dará el corte de raíz.
Y el horrible thriller se hace pesadilla. Sin cuenta propia tienes al descubierto mi encierro en la sala de espejo. Solo ves tu propio reflejo.
Como actor mediocre llevas años en cartelera representando tu atentado, tu caja de Pandora, tu acosador particular. Con la vergüenza enquistada sobre los hombros incapaces de poderse apuñalar.
Dando saltos al vacío para la nada que vuelve a demostrar las ganas de amar gastadas, los lazos de afecto en carcoma, los proyectos de presupuesto ahogado. El posible error en visión de glaucoma.
Para guardar arrestos con ficha de llantos, con partidas de Cluedo perdidas, con colecciones de espanto.
Ahora... sabes quién es el monstruo. Sabes de su sigilo a la espalda y su posesión maldita sin exorcismo posible, viendo inteligible el rezo que salve tu alma olvidada en la última balda.
La ira destilada se guarda bajo llave al acecho del narcisismo, ebrio del dolor. Pero proclamas su ejecución. Enterrada bajo piedra, sorprendida y en proceso de fermentación, solo podrá asumir su final. Sin lamento ni solución.
Después, el andar sin lastre podrá correr. Y volar.
Para llegar puerto y dejar la deriva.
Con los pies en la tierra, los ojos solo podrán ver los miedos de la lógica, olvidando esa fiebre anímica que emboza la línea aórtica. Bombeando vida al crear la hemorragia mística que la amaestra caótica.

Y dentro de toda esa anarquía degustar tu esquizofrenia, tu Fruitopía. Para quitar la sed del ahogado. Y saciar la fe que hace tiempo saltó al acantilado.








lunes, 19 de octubre de 2015

LOS DEBERES DEVORADOS POR EL PERRO QUE NO EXISTE.





Es la herida abierta curada con sal gorda. Solo esperamos verla cicatrizar para dislocarnos la muñeca con el salero sobre ella, cual quinceañero con la sangre coagulada bajo la cintura.
Reivindicamos la patente de la pasión como propia y la utilizamos para rascarnos los ojos con un cuchillo, sin mesura, esperando no dañar las corneas. Poniendo un cuidado que no vale para nada, con la esperanza de no quedar tuertos. Una y otra vez sobre la misma picazón. Después, nos frustramos sin entender el por qué de lo que sea.
Verdaderamente estamos muy ciegos, somos la ONCE de los seres vivos. Nos dejamos llevar muy bien por lo que nos cuentan. Contrastamos el precio del suavizante a ver si en Mercadona o Ahorramas esta más barato, pero nos cuentan milongas en un momento de debilidad y cavamos nuestra propia fosa.
En general invertimos mas en bares y terrazas que en viajar (otra forma de educación) e idealizamos como perfección el habitar toda nuestra vida en un barrio del cual no queremos salir.
Gastamos cantidades incesantes de dinero en el "efecto chuminada", que consiste en no sobrepasar los diez euros de coste en cosas absurdas para rellenar ese huequito que nos pudre por dentro.
Y principalmente solemos estamparnos contra el cristal al pedir lo que no damos y lloramos para encubrir nuestra falta de emoción robada con consentimiento y pregonada como el Corán.
Porque buscamos ser "humanos" viendo programas de lágrima fácil que nos muestran un catálogo de emociones con música Top 10 de fondo. Criticamos para crecer, amamos como icebergs para no sentir soledad. Se ve que una vez llegamos a la cúspide nos ha entrado la pachorra y no sabemos que el potencial caduca dentro del envase.
Es tan... pedante. No puedo negar la impresión de sentir que si consiguiésemos todo aquello que nos aqueja, seguiríamos rascando bajo la nada.
Nacemos del amor, o por lo menos debería ser así, y existimos para participar en la maratón del ataúd. A veces mas carrera de fondo y otras tantas contra reloj. Pasamos todo ese tiempo aprendiendo un sin fin de cosas útiles e inútiles y pasamos de largo constantemente sobre la clave de la felicidad; un concepto inadmisible para vivir pensando que no hay futuro tangible y si un final.
Cuando por accidente saboreamos sus mieles no solemos tardar mucho en olvidar. Es una constante frustración, a lo “pantalla final del Mario Bros”, porque es imposible rozar periódicamente el abismo para centrar la realidad y saber ser feliz.
Por tanto, estamos condenados a funcionar defectuosamente. Igual de desastroso es pisar charcos a cada paso que vivir en las nubes. La balanza se descojona de nosotros... tan cruel como el chiste de "no hay mano, no hay galleta" y tenemos que cohabitar con ello. Con su risilla molesta y su mirada burlesca despertando en nuestro interior al pequeño psicópata hibernado.
Sin conclusión posible, acepto entregar mi alma a cualquier mercenario que consiga el secreto del equilibrio. Tan chulito se lee como la imposibilidad de su hallazgo, de ahí la pose de palomo de pechera alta.
Eso debe ser la sal de la vida. La incertidumbre de conseguir ese "Bonus" que convierte tu horizonte de chopped pork en paleta ibérica curada (VEGETARIAN CHOICE = judías verdes de bote -vs- vainas de guisante baby recién sacadas del matojo).
Pero nadie lo sabe. Seguiremos inventando tablet´s con olor a vainilla, buscando vida en Marte, haciendo creer que llegan las energías renovables... y la clave está en nuestro hocico. Inalcanzable.
Va siendo hora de entrenar el paladar a las pequeñas cosas. Ese es el sendero. Cargadas de átomos de felicidad luchan con las papilas gustativas para producir el Big Bang que mostrará la clave. Y así degustar por fin la vida que no sabemos vivir.
 
 
 
 
 
 
 
 

sábado, 10 de octubre de 2015

YO.




Por fin quiero reconocer lo que veo, y me veo apretado en todo el conjunto. Disfrazado de roca. Busco el movimiento a pesar de parecer una crisálida, y cuanto más lo intento voy perdiendo toda mi elasticidad. Robótico. El abrir y cerrar de párpados imitan melodía de bisagra vieja. Quiero ayuda pero mis oídos no entienden a nadie, sin verlo venir es como si hubiera sido desterrado en tierra de nadie. Sigo pisando la misma calle pero con diferente adoquín. Con las mismas personas que no son.
Puedo reconocer las caras que no gesticulan igual, con sus palabras que no suenan como antes.
El único referente que me queda es el cielo con sus nubes exactamente igual que siempre. Eso no ha mutado. Por tanto, se han convertido en referente de la cordura.
La raíz de todo esto es el esquema regidor, igual que un árbol genealógico, pero con su interior en carcoma. Sacrificado para alimentar en capricho a millones de insectos sin apetito. Dando muerte por un par de bocados con desgana.
Que barbarie neuronal, piensan los que habitan al otro lado... porque tal, porque pascual y fenomenal.
Claro, la empatía ha desaparecido en este momento. Al oír y no escuchar solo se sabe rebatir, sin dejar acabar,  con un "ya pero es que YO" de forma automática. Mientras tanto todo se disgrega, pintando las paredes con temple en gamas de azul rencoroso.
Porque no sufre uno menos que nadie. Y es más fácil cerrar los ojos para esperar a las sonrisas y los arcoíris. Lindo bagaje que aportamos en estas y futuras generaciones.
Y como mejor se rebate es sacando al quicio solo si es aliado. Para callar los quejidos y diezmar los lamentos que, por supuesto, no apetecen. Y así alimentar un bienestar corrompido por la desgracia ajena; siempre será más efectivo y rápido sentirse Flex con la mierda de otros.
En casa, en el trabajo, ocio... todo tiene esa película transparente lista para deshumanizar.
Si fuera de tu frontera todo se desmorona, YO ignoro lo que no me salpica en un radio de 2 kilómetros.
Si a tu alrededor se estafa como método de respiración, YO no denuncio lo que puedo aprender para mi beneficio, aunque hundas al de tu vera.
Si las personas que amas se destruyen, YO mejor me aparto que bastante tengo con lo mío.
Si trabajan como peleles a diario gracias al comercio libre y bárbaro creado por una payasa estratosférica, YO no me solidarizo y me voy a dar paseítos los domingos en plan familia Brady's.
Si estas en el paro y vas cualquier cosa donde tengas un trabajador frente a ti, YO descargo mi ira sobre esa persona porque él tiene el trabajo que no tengo.

Si piden el código binario a tu interior, YO aumento la seguridad no vuelva a ser dañado como aquella vez que ya ni recuerdo, por la distorsión que aplico constantemente.
Si ves que la vida de alguien es triste, YO seguro que las he pasado mas canutas que esa persona en alguna ocasión.
Si... si..., no. YO.

Por eso, no queda nada más que el cielo para no pensar que has sido abducido y depositado en otro planeta. Un cielo extenso y poderoso que pasa sus días cubriéndonos, abochornado por lo que cobija. Y asustado esperando en que puede acabar.
Ahora, en el mercado negro, venden unas camisetas muy difíciles de conseguir y perseguidas por la ley. Serigrafiadas con las palabras NO HAY YO SIN NOSOTROS. BASTA! pero como he dicho, están vetadas y prohibidas. En general todo lo que estimule pensar está castigado por ley. Y que viva la ley del YO, que es lo rentable.
Para mí, la vida empieza en TÚ y el ÉL o ELLA. Sin eso no sé ser feliz. Cada vez me quedan menos bazas. Menos mal que tengo el cielo y sus nubes, aunque dudo que pueda vivir eternamente como Homer en su delirio de "nube arriba, nube abajo" esperando esperar.
Sin esperanza de adaptarme a un nuevo orden extraterrestre donde las pautas quieren ser mandamientos y, por mi parte, no tienen ningún apoyo. Seguiré rascando debajo del todo con la sensación de encontrar las tres cerezas premiadas. Aunque signifique mayor esfuerzo.
Entendiendo que peor de lo que se tiene es  motivo suficiente para luchar por lo que no se ve, para conseguir vivir otro cuento donde no tiene que haber hadas pestosas y lobos medicados con lexatin.
 
 
 
 
 
 
 
 

lunes, 5 de octubre de 2015

BUFFET LIBRE DE HOMÍNIDO A LA ESCARCHA.




 Debería verse la broma. Será la inexperiencia después de tanto callo cuando aprendemos en balde. Si nos ven desde otro prisma parecerá que disfrutamos y todo al estamparnos contra las paredes.
Algo es seguro, somos eficientes y solo necesitamos un combustible, muy rentable, para subir y bajar montañas.
Vivir, porque sí.
En cuanto lo sientes, a no ser que sea una tara de nacimiento, a correr como Forest. Incansables e insaciables pasamos de aniversario en aniversario hasta advertir el día menos pensado que se desconoce la meta.
Son tus barbas psicológicas las que caprichosamente te enseñan el tiempo gastado inútilmente. Comer, dormir, la puta tele... y para una vez que sientes esas barbas, las rasuras destapando una hecatombe
La Nada.
Insípida e incolora, imposible de identificar después de tanto y tanto correr. Repartida por toda la cara ha robado tu expresión, y extravía su antídoto en la falsa pared de los espejos.
Hasta que un día no recuerdas tus propias caras y te extrañas cuando alguien te advierte. Un "ICTUS" de tu desidia la ha paralizado y parece tener difícil su solución.
Es la mala praxis la causa de tal parálisis. Acostumbrados a ladrar a los que nos viven, criticar lo que nuestra envidia detecta, a meter la zarpa donde sabemos que quema y acobarda, en fin, culpa será de este hobby tan bizarro que tenemos de pegar los trozos del jarrón con saliva...
Dinamitamos nuestra cordura y liberamos todo nuestro potencial derrotista. Y no será lo peor su manifiesto tristón, si todo esto acaba oculto se enquista hasta pudrirte.
Pero somos muy duros; la resistencia si esta entrenada con tanto tropiezo, repetido y continuo, dando buena nota de corte en esta especialidad. Por lo menos el aguante está cubierto, y hace las veces de musa en síntoma inequívoco de una demanda constante al caer veinte veces en el mismo socavón.
Si pudiésemos cambiar la receta, quitar lo que nos lastra, sería muy sencillo. Sería.
En definitiva existir como un robot aspiradora, chocándose para cambiar el rumbo, es demencial. Fácil y cobarde. Pero sin duda lo que más representa es... lo que es, aburrido.
Y mucho, acumulando años de vida como puntos para la vajilla del supermercado. Recordando canciones para borrar ese intento de pensar para qué. Poniendo chubasqueros sobre las personas que forman tu vida y no puedes alejarlas de ti por pena, dejadez, o de nuevo cobardía.
Sigues recogiendo cada día esos cuatro segundos en los que frente al espejo del baño te miras fijamente y te perdonas la vida por no hacer nada, para hacer un vídeo montaje craneal con la evolución del charco que te ahoga. 
La vida es bonita cuando todos hacemos que así sea. Deambular como una gragea antidepresiva solo camufla una realidad tan difícil de asimilar que aterra. Y ver como esta pandemia se bifurca por todos los rincones, aflorando más personas afectadas, solo converge a que pequeños guetos de sociedades con el "porque sí" de bandera formen principados del CAOS
Y no se puede tratar, siendo nosotros mismos la cepa. No funciona auto-destruirse.
Mejor olvídalo todo y enseña tu verdad. Y cuando el valor te acepte con tu verdad, extiende tu mano e invita a quien quiera seguir tu camino sin el miedo de asumir, claro está, que puedas crear ese camino solo. Al principio parecerá lúgubre, pero al final... conseguirás que tus ojos dejen de ser como los del atún sobre el hielo de la lonja.
Y aprovechar cada destello que surca  este mundo para pasar por él sobre una sonrisa. La sonrisa del alma.








 

miércoles, 30 de septiembre de 2015

ROTACIÓN ROEDORA





Abres el ojo, te vistes y te vas al trabajo. Trabajas como un hámster, comes y te subes a la rueda a pedalear hasta que vuelves a comer... y te vas a dormir. Yo lo veo. Para verlo solo hay que tropezar el día menos propicio para tropezarse; resbalando aparatosa la sangre por la frente y desorientando la carrera de fondo donde participas en tu laberinto de roedores que te han impuesto vivir. 
Es cuando se experimenta el destete, logrando ver en ese otro prisma más bajo y menos coloreado. Ese mismo que descartarías en tu vida cotidiana por no ser lo suficientemente brillante. 
Solo tienes que seguir, tirar del hilo y sufrir la desconexión real. Un comienzo para un paladar que prueba por primera vez una hogaza de pan natural y casero. Acostumbrados al sabor industrial, es muy duro. 
Y sufrir tu propia desintoxicación ahogado en los sudores y vómitos de las bandas sonoras, los yogures que te dicen cuando cagar, los besos que las películas te hacen desear y cada uno de los quistes sociales que tú mismo te obligaste a tragar... todos ellos resucitados para desgarrarte. Para empujar tu cabeza amoratada al verdadero precipicio y buscar de rodillas entre lágrimas el valor de saltar. O de no hacerlo. 
Si consigues que el valor te reconozca será todo un logro. Solemos errar en pensar que por aguantar penurias, o soportar las hostias que suelen venir sin avisar es signo de valentía. O incluso si no nos enfrentamos a las embestidas. Esto es lo que hace ver cuando todos piensan en algo aunque sea equivocado, siendo más difícil de rebatir. Y así es imposible que el valor te reconozca, vestido de hámster sobre tu rueda. 
El valor es la sinceridad suprema sin necesidad de escupirla como balines incandescentes, asumir tu error y enmendarlo a pesar de no tener apoyo... o digerir el dolor que has causado. El valor de no frenar tus pies cuando echan a correr o de vivir a ciegas pudiendo ver. Valor de perdonar lo que es mucho más fácil odiar, de mirar dentro de ti y aceptar lo que eres aunque no te guste. Pero sobretodo valor de no quedarse quieto y bajarte de la rueda de tu jaula.

Eso ya es un paso de gigante. Salir de la jaula saldrás tarde o temprano, pero conseguir bajar de la rueda es suficiente para despertar. Y para ver y no mirar. 
Con la energía propicia, entre otras personas que bajaron de su rueda, es buen camino. Sin miedos a desplantes o amenazas de soledad. Al fin y al cabo, todos vivimos entre jaulas y esa sensación de seguridad ficticia programada nos ha hecho pensar que no era así. Un bulo bien elaborado que solo la muerte es capaz de desvelar. 
Los cabos que te aten tienen que ser de tus nudos o nunca dejaras de llevar lastre. Ralentizándote hasta ser otro roedor mas en tu laberinto, entre mas roedores que hacen trucos a cambio de sus trozos de queso.
Olvidando el lado bueno de las cosas que nos aleja entre sí. Con toda la teórica y la ausencia en la práctica. 
La alquimia que construimos tiene la ausencia de la inocencia, la bondad, la ayuda y el perdón. Entre otras tantas cosas increíbles que desaparecieron con la razón para vivir. Solo hay que querer, de verdad, dejar de estar a la deriva y tomar tierra. Quién sabe, quizás hay más personas de las que creemos al otro lado. Deseando conocernos, tratarnos, vivirnos. Sin máscaras borrosas ni depósitos de aliento varados y oxidados.
No olvidemos que somos pura energía y como tal no tenemos dirección establecida. Y una vez que se consigue ver, solo queda seguir.
Lo peor de todo... lo peor de todo es que en realidad todos sabemos mirar y ver, pero no hacemos nada.

martes, 25 de agosto de 2015

EL LIENZO NEGADO A SER ARTE.




Cada cierto tiempo, como aniversario inexacto, sacamos el proyecto propio que nunca es arte. Un lienzo inacabado que intenta recoger un diario de pose interminable, como la vida misma. Con conceptos actualizados en tiempo real para correr una maratón juntos, de la mano. Tirando uno del otro, con tempo.
Y cada vez que posamos frente a él quedamos como un trapo esperando adivinar cuál es la siguiente pincelada. A veces avanzamos algo en el lienzo, otras tantas queda impasible esperando existir un pedazo más.
Con el pincel temblando ante la textura que nace y espesando el oleo que cargan sus pelos por la duda de continuar esa obra, nuestra obra.
Pero pecamos en observar al extremo todo lo que hemos pintado. Con sus trazos que cuentan las historias de donde caíste, donde amaste y dejaste de ser amado. Donde no dejas perder el recuerdo de quien ya no está. Y ver esos sueños que su color se cuartea, dando sensación de caducado.
La falta de demora es quien finalmente enseña a tus corneas el conjunto, sin despiece, para ver el traje sin solapas que viste tu lienzo. Dudando de su mensaje cuando fue construido en partes anónimas flagrantes de sensación. Ahora, la duda vuelve a retrasar su ascensión. Igual que siempre.  
Por eso nunca lo acabas; por eso pareces un trapo frente a él y solo le queda tener la esperanza de crecer poco a poco con los arrebatos que se escapan de ti. Por eso de vez en cuando intentáis conseguir otros colores, e hibernaran decepcionados por usar siempre los mismos.
Porque en el fondo ninguno queréis acabar. Sería admitir que ya no queda nada por lo que... PINTAR.


#cambialagamadecolores








miércoles, 12 de agosto de 2015

VUELVE, COCO.





Añoro ese miedo. Aterrador. Con la envoltura parda en la oscuridad daba a la imaginación un menú degustación, sin reparar en buscar lógica que ilumine los por qué. La piel se tensaba y los ojos, acojonados, se encogían apretados hasta decir basta. Toda tu respuesta era posar en taxidermia con la esperanza puesta en verlo desaparecer; y si esto no funcionaba, la llamada temblorosa a los padres que iba in crescendo a la vez que nuestras ganas nulas de cruzar el abismo fuera del colchón.
Triplicando la demanda de vasos de agua con nocturnidad y alevosía o llorando sin lágrima por compasión.

Para acabar venciendo en nuestro olvido por el cansancio que espolvoreaba la magia robada de Mr. Sandman... bring me a dream. Y volvía a amanecer como una lluvia de cal viva que arrastraba todo lo ocurrido la noche anterior. El único damnificado era siempre el peluche desnucado por nuestra ansiedad y la paciencia agotada del progenitor somnoliento.

Y la nostalgia curandera me añora su sentido. Lo disfraza fácil y entrañable en el tropiezo continuo, comparando cuando acechan los miedos reales. Con sus manos crudas y su hacer inhumano a pesar de vivir entre personas. Es el miedo adulto, el corazón débil, la derrota arrogante. Todas las veces que acaricia tu cuello la soledad. El horizonte huérfano de un caminar aislado y la perpetua amnistía de tu juicio.

Sin defensa de una madre pretoriana que los ahuyente o la manta que aísla de los monstruos habitantes bajo la cama.

Tendré que coleccionar ese miedo en su edición vintage mas especial, con su precinto intacto y su contenido exclusivo; lo que un día sacó mis lágrimas hoy son la anécdota de un mundo hueco donde el verdadero miedo te forja, y olvida donde escondió las instrucciones para soñar.
Añorando el tiempo donde dejar un pie colgando de la cama era el mayor de los temores. Donde un beso en la frente era sinónimo de tranquilidad y los miedos tenían franja horaria de tarifa nocturna. Y cuando pensabas en ellos, tu cabecita se distraía con la canción de un anuncio, y hasta más ver. 

La inocencia, Santo Grial, se llevó todo esto. Al menos quedan en recuerdos de entraña y nos acercan de vez en cuando al mejor estado humano, cuando la lucha de la felicidad se organizaba por cumplir las pequeñas cosas que lo hacían posible a cada instante. Por ello, nunca te vayas.