Al final pensaron que la propia palabra era Ley.
En plena faena de nacer y respirar humanidad fue lo único a
lo que se pudieron agarrar, solo hay que recordar cuanto les hizo ascender.
Cuando esa Ley fue escrita, llegó a cada rincón del planeta. Un
mensaje de civilización a veces caótico y sobretodo inestable preparado para
amarrar esa fuerza social que siempre tuvo su temeridad. Y como la tarta que
reposa, fue cogiendo cuerpo a lo largo de los siglos; desde entonces nos hemos
esmerado en adornar su exterior sin modificar siquiera su forma, no somos
civilización de probar posibles alternativas si algo funciona.
Y esa Ley maduró llena de guirnaldas y toppings, para
comer con la vista, aunque su interior estaba amargo.
Hoy por hoy, una especie de demócrata embrutecido vestido de
Channel nos ajuicia para que la humanidad no desborde su
propia ineptitud y consiga a base de esperanzas vidriosas pasarse el día
barriendo sus cristales rotos. Es la Ley descompensada y pútrida. La Ley del
fuerte, de todos los que heredan inmunidad, la Ley que tasa la vida, la que se
vende y etiqueta el sano juicio. Con esta Ley mal convivimos y lloramos
lágrimas secas. La información cada vez es más accesible siendo imposible
esconder los pasos que intenta dar a hurtadillas.
Y sufre muchísima gente, tanta que las cifras proyectadas en
Power Point no son necesarias a no ser que seas de esos convencidos de ser
casos aislados y en la otra punta del globo. Curioso es. Seguramente allí, al
otro lado, pensaran que su mierda no huele y que por aquí apesta... es
innegable el corte del mismo patrón.
Eso si, ahora con el móvil subes las persianas de
tu casa desde el Himalaya, para que no se mustien los crisantemos, dando Máster Class de vanguardia para la
razón humana. Pero a su vez somos capaces de girar la cara ante la pura y
constante barbarie, en el fondo sabemos el precio que se paga por no subir tus
putas persianas con esas manitas que Dios te ha dado. Por eso la Ley es tan
impersonal y cruel, porque la dejamos. E incluso si se torna la injusticia
a movimiento social acaba desventándose hasta su olvido; nos tiene bien
cogidos por los huevos/ovarios siendo parietal, solo nos queda reconocer
nuestra derrota frente a ella.
No es a quien se mata si no el por qué, ni porque se roba si
no para qué. Está claro que no vivimos en la Edad Media siendo posible otras
fórmulas ya testadas con prevaricación y enriquecimiento indebido de muchos
políticos, esos que la gran mayoría de España avala con sus votos. Con todos esos
comodines creados bajo legislaturas “caciqueras”, ya sean doctrinas o indultos,
solo han valido para fomentar que las personas se tomen la Ley por su
mano. Por eso un Sheriff en el siglo dieciocho tenía más piel sentida que
cualquier juzgado de instancia y esa es la clave: la justicia no puede ser desigual entre los
ciudadanos pero tampoco puede regir la misma presión sobre cualquier masa.
La Madre Justicia ha olvidado en su enseñanza "low
cost" dar las directrices correctas y la Ley parece un ranchero de
Texas adicto a los problemas con hedor a whisky. Si eres uno más de sus
empleados hormiguita tendrás tu jornal pero no le toques los cojones
al Terrateniente o podrás comprobar cómo se abren las puertas del
Infierno. Para paliar las heridas, en el Festival de los Complementos de
este Otoño podrás encontrar GRATIS* una mordaza para atenuar esas ganas de
salirse de tono. (* Pagada con tus impuestos)
La calma es la clave, si no quieres que el rebaño
escampe.
Porque la Ley no es tonta y está constantemente ebria de
poder. Tendríamos que servirla como buenas hormiguitas obreras amordazadas.
Espera, si ya lo hacemos.
Ergo vuelve a salir airosa al servicio de cuatrocientos
hijos de puta disgregados entre nuestras sociedades. Son todos aquellos a los
que el Poder les viola repetidas veces y acaban siendo caricaturas de ellos
mismos; gestionando países a lo Madrid Arena y siendo conscientes del pequeño
riesgo que tienen a pagar sus deudas.
Ahora por nuestra parte nos hemos limitado a endurecer el
cuerpo para no ceder, aunque de pose hemos acabado estáticos. Somos figuritas
articuladas preparadas para la acción, que triste. Tampoco se sabe la
expectativa estándar porque nadie tiene nada claro; de repente somos novias
indecisas con la cabeza hormonada para tomar decisiones cruciales, y esto es
serio, como cada voto que se regala a base de inconsciencia. Que ni
"colores" quedan ya y parece esto un After al cierre con ganas de perrear. Ves, vuelve a salir el egoísmo.
Nos tiene bien calados.
Por eso chirrían más fuertes sus constantes choques, con
mini guerrillas en sus faldas la Ley esta incómoda y aprieta.
Solo un par de cosillas al cierre sin importancia. Si la Ley
existe es porque creemos en ella, y vivir bajo su tutela sin beber su doctrina
es muy cobarde. Igual de cobarde son los Grupis
que la siguen hasta que el concierto es en su casa y de repente despiertan sus
conciencias.
Asumamos responsabilidades, asumamos que a veces la lucha no
nos reportará nada, y no conseguiremos resultados inmediatos ni propios. Asumamos
que de forma individual no valemos una mierda y podremos crear una ley que nos
ampare, nos proteja y por que no, nos eduque.
Una Ley tajante ante la desigualdad, flexible ante la
necesidad personal e inflexible en la reincidencia; el que quiera reinsertarse
nunca lo hará en prisión, sería como curar la pedofilia en un Chiqui-Park. Por
eso hay que acabar la fórmula, para no crear más quimeras a pregoneros
sindicales que atestan bares, asociaciones de barrios o plazas mayores con la
tienda del Decathlon a cuestas.
Una Ley que por fin deje de humillar el
significado de la palabra IGUALDAD.
