jueves, 27 de octubre de 2016

TU CORAZA ES MI MORDAZA







Al final pensaron que la propia palabra era Ley.


En plena faena de nacer y respirar humanidad fue lo único a lo que se pudieron agarrar, solo hay que recordar cuanto les hizo ascender. Cuando esa Ley fue escrita, llegó a cada rincón del planeta. Un mensaje de civilización a veces caótico y sobretodo inestable preparado para amarrar esa fuerza social que siempre tuvo su temeridad. Y como la tarta que reposa, fue cogiendo cuerpo a lo largo de los siglos; desde entonces nos hemos esmerado en adornar su exterior sin modificar siquiera su forma, no somos civilización de probar posibles alternativas si algo funciona. 


Y esa Ley maduró llena de guirnaldas y toppings, para comer con la vista, aunque su interior estaba amargo.

Hoy por hoy, una especie de demócrata embrutecido vestido de Channel  nos ajuicia para que la humanidad no desborde su propia ineptitud y consiga a base de esperanzas vidriosas pasarse el día barriendo sus cristales rotos. Es la Ley descompensada y pútrida. La Ley del fuerte, de todos los que heredan inmunidad, la Ley que tasa la vida, la que se vende y etiqueta el sano juicio. Con esta Ley mal convivimos y lloramos lágrimas secas. La información cada vez es más accesible siendo imposible esconder los pasos que intenta dar a hurtadillas.


Y sufre muchísima gente, tanta que las cifras proyectadas en Power Point no son necesarias a no ser que seas de esos convencidos de ser casos aislados y en la otra punta del globo. Curioso es. Seguramente allí, al otro lado, pensaran que su mierda no huele y que por aquí apesta... es innegable el corte del mismo patrón.


Eso si, ahora con el móvil subes las persianas de tu casa desde el Himalaya, para que no se mustien los crisantemos, dando Máster Class de vanguardia para la razón humana. Pero a su vez somos capaces de girar la cara ante la pura y constante barbarie, en el fondo sabemos el precio que se paga por no subir tus putas persianas con esas manitas que Dios te ha dado. Por eso la Ley es tan impersonal y cruel, porque la dejamos. E incluso si se torna la injusticia a movimiento social acaba desventándose hasta su olvido; nos tiene bien cogidos por los huevos/ovarios siendo parietal, solo nos queda reconocer nuestra derrota frente a ella.  


No es a quien se mata si no el por qué, ni porque se roba si no para qué. Está claro que no vivimos en la Edad Media siendo posible otras fórmulas ya testadas con prevaricación y enriquecimiento indebido de muchos políticos, esos que la gran mayoría de España avala con sus votos. Con todos esos comodines creados bajo legislaturas “caciqueras”, ya sean doctrinas o indultos, solo han valido para fomentar que las personas se tomen la Ley por su mano. Por eso un Sheriff en el siglo dieciocho tenía más piel sentida que cualquier juzgado de instancia y esa es la clave: la justicia no puede ser desigual entre los ciudadanos pero tampoco puede regir la misma presión sobre cualquier masa. 

La Madre Justicia ha olvidado en su enseñanza "low cost" dar las directrices correctas y la Ley parece un ranchero de Texas adicto a los problemas con hedor a whisky. Si eres uno más de sus empleados hormiguita tendrás tu jornal pero no le toques los cojones al Terrateniente o podrás comprobar cómo se abren las puertas del Infierno. Para paliar las heridas, en el Festival de los Complementos de este Otoño podrás encontrar GRATIS* una mordaza para atenuar esas ganas de salirse de tono. (* Pagada con tus impuestos)


La calma es la clave, si no quieres que el rebaño escampe. 


Porque la Ley no es tonta y está constantemente ebria de poder. Tendríamos que servirla como buenas hormiguitas obreras amordazadas. Espera, si ya lo hacemos.

Ergo vuelve a salir airosa al servicio de cuatrocientos hijos de puta disgregados entre nuestras sociedades. Son todos aquellos a los que el Poder les viola repetidas veces y acaban siendo caricaturas de ellos mismos; gestionando países a lo Madrid Arena y siendo conscientes del pequeño riesgo que tienen a pagar sus deudas.


Ahora por nuestra parte nos hemos limitado a endurecer el cuerpo para no ceder, aunque de pose hemos acabado estáticos. Somos figuritas articuladas preparadas para la acción, que triste. Tampoco se sabe la expectativa estándar porque nadie tiene nada claro; de repente somos novias indecisas con la cabeza hormonada para tomar decisiones cruciales, y esto es serio, como cada voto que se regala a base de inconsciencia. Que ni "colores" quedan ya y parece esto un After al cierre con ganas de perrear. Ves, vuelve a salir el egoísmo. Nos tiene bien calados.

Por eso chirrían más fuertes sus constantes choques, con mini guerrillas en sus faldas la Ley esta incómoda y aprieta.


Solo un par de cosillas al cierre sin importancia. Si la Ley existe es porque creemos en ella, y vivir bajo su tutela sin beber su doctrina es muy cobarde. Igual de cobarde son los Grupis que la siguen hasta que el concierto es en su casa y de repente despiertan sus conciencias.


Asumamos responsabilidades, asumamos que a veces la lucha no nos reportará nada, y no conseguiremos resultados inmediatos ni propios. Asumamos que de forma individual no valemos una mierda y podremos crear una ley que nos ampare, nos proteja y por que no, nos eduque.


Una Ley tajante ante la desigualdad, flexible ante la necesidad personal e inflexible en la reincidencia; el que quiera reinsertarse nunca lo hará en prisión, sería como curar la pedofilia en un Chiqui-Park. Por eso hay que acabar la fórmula, para no crear más quimeras a pregoneros sindicales que atestan bares, asociaciones de barrios o plazas mayores con la tienda del Decathlon a cuestas. 

Una Ley que por fin deje de humillar el significado de la palabra IGUALDAD.









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