viernes, 10 de marzo de 2017

LA LEYENDA DEL PÚZLE DE 2 PIEZAS QUE HACÍA SOÑAR.






Tenemos una tara.

Es la coña para cerrar el círculo de la vida y no acabar como una especie de ser supremo y pedante.

Nuestro empuje decrece y la esperanza en nosotros mismos parece desvanecerse entre los dedos. Queremos dar sentido al TODO y acabaremos por perder el sentido.

Y eso que empezamos de puta madre. Llegamos a enamorar a la vida y parecía querer ser nuestra banda sonora, éramos el proyecto "Fucking Master de la vida inteligente"... No sé en qué momento el moho se asentó y empezó a crecer, a pudrir cada aliento que salía de nuestras cabezas.
Un laberinto evolutivo se fue rubricando sobre sí mismo y nos fue reformando con el paso de generaciones, que parecían probetas de ensayo-error, hasta crear un ser extremadamente complejo con el propósito de tener como bandera la humanidad. Si, parece un típico caso de "se metió en camisas de once varas".

Cuando la vida en este planeta dejó de ser sostenible nos lanzamos a correr y a quebrantar todas las reglas morales que marcaron nuestra historia, las que nos hicieron crecer. Muy sutil, nos cuenta sin duda un completo muestrario de complejidades que nunca tuvieron buen final... la sencillez porta descarada la fórmula de la felicidad. Las cosas más sencillas son las más hermosas y conforme seguimos corriendo a saber dónde vamos perdiendo, por el agujero del bolsillo, toda la emoción que la sencillez una vez nos aportó.

Conseguir logros se equipara a superar su complejidad aumentada y hemos olvidado que podemos CRECER en cualquier ámbito sin tener que seguir la dirección más compleja y evidente. La que todos siguen y desgastan sus adoquines.

Por eso a complejos no nos gana nadie. Nuestro sistema linfático es como cualquier artilugio que nuestra ciencia pueda crear en 200 años. Nos sentimos abrumados por nuestra propia existencia y eso no hace otra cosa que alejarnos exponencialmente hasta ser una caricatura de lo que nuestra personalidad esculpió. Es el David de Miguel Ángel sin cabeza, la obra maestra sin remate y avergonzada en una esquina del sótano. Cogiendo mierda hasta que deja de existir, lo dicho, una puta broma macabra a primera hora de la mañana.

Ahora, descolocados, nada nos encaja. Todo está rodeado de escenarios artificiales y en cierta medida nos hemos dejado envolver por la oscuridad que la mayoría siente. Arrinconando a los verdaderos héroes de la humanidad, aquellos que saben leer la vida y han quedado encerrados en un gueto que anuncia sus diferencias como anécdotas. Fugaces y con caducidad. Una forma muy sutil y eficaz de ridiculizar la esperanza para disgregarnos en miles de rebaños ovejeros. Con perros que te dirigen, pastos envenenados que te diezman y brazos mecánicos que te esquilan, te sacrifican y usan tus excrementos para que crezca lo que comes. Con el único reflejo para existir que la propia producción, y su cantidad la que programe tu muerte. 

La forma es idéntica… cambia la marca de ganado por un teléfono móvil y listo, a pastar. Lo triste es que todo esto ya lo sabíamos ¿verdad?, ES LO QUE HAY. 

Así nuestro lado más egoísta estará conforme y se pegará la vida padre. Sin esfuerzo, sin miedos, sin contratiempos y existiendo de la forma más lineal. Con hábitos, con zona de confort, con esa NADA aburrida que aporta una tranquilidad aterradora. Viendo la vida pasar. Jubilados antes de nacer con la libreta emocional cachonda por actualizarse y marcar el son de vivir.

El placebo más top en esta última década es ese de "...un día mando todo a tomar por culo, me cojo el montante y me largo bien lejos..." yo no soy Sigmund Freud, pero esto canta a que las cabezas no están amuebladas. Yo el primero. A lo mejor la solución es coordinarse los dos hemisferios y montar el Mega-Erasmus planetario, lo mismo funciona. O podríamos frenar en seco y recapacitar, con la consecuencia de enfrentarnos a pautas tan arraigadas que hasta a las personas que más queremos podrían rechazar.

Bueno. Yo de momento quiero actualizar mi libreta y pasar veinte años a esta cuenta, por favor, y cinco a esta y dígame cuanto tengo en la otra...