sábado, 7 de octubre de 2017



Cada vez que escuchas y no te interesa. Cada vez que vuelves a hacer lo que juraste no hacer, o cuando te equivocas en algo que te ampara la experiencia. Adiós tiempo, lo estás perdiendo.
Cuando las lágrimas están avisadas. Cada vez que hiciste daño consentido, ves a lo lejos al tiempo jactándose de desaparecer. Restando.

Un poco de allí con la rabia que explota, otro tanto a cargo del ego catedrático y la cuenta va bajando. Luego están Error y Problema; dos matones que te perseguirán hasta el fin de los días para extorsionarte, por una deuda que ya habrás olvidado. Ah sí, la deuda de crecer.

Pero hay redención, es actitud genética y no se puede negar. Sumando con ese abrazo que no esperabas o cuando te arrancan la guardia y ven lo que hay dentro. Cada vez que te hacen reír sin piedad, cuando sientes por un momento que en ese mismo instante te sientes protegido y no existe nada más. O esa última conversación que chasqueó tu cerebro y te hizo evolucionar. Y el nervio de la buena emoción. Suma que te suma. Tu corazón enamorado de un momento, en cada lágrima robada en peligro de extinción. Exponencial. Con la buena compañía. Con el lenguaje de los ojos, que comunica las almas... se suma en barra libre creando un regocijo de papel cartón, creyendo que la suma vence a la resta constantemente.

Eso quisiésemos. La mayoría de veces a ser baremo y oscilamos como un temblor de residencia. Arriba y abajo para acabar en el mismo lugar. Si quitas y pones, y otra vez lo mismo, acabas en el mismo sitio. Con la misma cara, la misma ropa, las mismas esperanzas recetadas sin prospecto. Consulte a su farmacéutico. 

Son tantos los que roban y regalan que el abanico se hace grande, eterno, centrifugando a tu alrededor los dueños de toda esta matemática. Échale “Oxiaction” y de paso saldrán las manchas de envidia.

Si algo aprendes cuando te juegas tus propios pasos es: lo que al final no se mueve... se estanca. Luego vienen los olores y la descomposición. Y las lamentaciones.
A veces la suma no hace crecer. A veces solo consigues volver a llegar a cero y abandonar esa vida en negativo. Insuficiente. 

En resumidas cuentas volver al punto de partida es lo más frustrante para la mayoría, acabando agotado y con esa sensación de estar perdido. Es causa suficiente para reaccionar, para cambiar tu forma de mirar.

Y como si de un Terminator doméstico se tratase, comenzaras a clasificar a las personas porque suman o restan.  Fulano -1, Mengano +1. Todo esto, resultado del bullying temporal que te acosa, es la consigna para ese inconformismo que no te deja avanzar. Gripando tu movimiento y mostrándote siempre renqueante.
De lejos con el ralentí de escopeta pareces el del tractor amarillo. Pero sin conciertos y segando un campo interminable.

Ese trigo es la vida y muchos, con tanta matemática acaban descalzos en un bloque de heno con una brizna de trigo en la boca.

Viéndolas venir... lo que sería en toda regla la moderna protesta silenciosa. Que si, que no nos da por quemarnos vivos pero por eso es moderna, porque hemos comprendido por fin que los extremos al final se chamuscan.

Come on baby, light my fire...