Cada vez que escuchas y no te interesa. Cada vez que vuelves
a hacer lo que juraste no hacer, o cuando te equivocas en algo que te ampara la
experiencia. Adiós tiempo, lo estás perdiendo.
Cuando las lágrimas están avisadas. Cada vez que
hiciste daño consentido, ves a lo lejos al tiempo jactándose de desaparecer.
Restando.
Un poco de allí con la rabia que explota, otro tanto a cargo
del ego catedrático y la cuenta va bajando. Luego están Error y
Problema; dos matones que te perseguirán hasta el fin de los días para
extorsionarte, por una deuda que ya habrás olvidado. Ah sí, la deuda de crecer.
Pero hay redención, es actitud genética y no se puede negar.
Sumando con ese abrazo que no esperabas o cuando te arrancan la guardia y ven
lo que hay dentro. Cada vez que te hacen reír sin piedad, cuando
sientes por un momento que en ese mismo instante te sientes protegido y no
existe nada más. O esa última conversación que chasqueó tu cerebro y
te hizo evolucionar. Y el nervio de la buena emoción. Suma que te suma. Tu
corazón enamorado de un momento, en cada lágrima robada en peligro de
extinción. Exponencial. Con la buena compañía. Con el lenguaje de los
ojos, que comunica las almas... se suma en barra libre creando un regocijo de
papel cartón, creyendo que la suma vence a la resta constantemente.
Eso quisiésemos. La mayoría de veces a ser baremo y
oscilamos como un temblor de residencia. Arriba y abajo para acabar en el mismo
lugar. Si quitas y pones, y otra vez lo mismo, acabas en el mismo sitio. Con la
misma cara, la misma ropa, las mismas esperanzas recetadas sin prospecto.
Consulte a su farmacéutico.
Son tantos los que roban y regalan que el abanico se hace
grande, eterno, centrifugando a tu alrededor los dueños de toda esta
matemática. Échale “Oxiaction” y de paso saldrán las manchas de envidia.
Si algo aprendes cuando te juegas tus propios pasos es: lo
que al final no se mueve... se estanca. Luego vienen los olores y la
descomposición. Y las lamentaciones.
A veces la suma no hace crecer. A veces solo consigues
volver a llegar a cero y abandonar esa vida en negativo. Insuficiente.
En resumidas cuentas volver al punto de partida es lo más
frustrante para la mayoría, acabando agotado y con esa sensación de estar
perdido. Es causa suficiente para reaccionar, para cambiar tu forma de mirar.
Y como si de un Terminator doméstico se tratase, comenzaras
a clasificar a las personas porque suman o restan. Fulano -1, Mengano +1.
Todo esto, resultado del bullying temporal que te acosa, es la consigna para
ese inconformismo que no te deja avanzar. Gripando tu movimiento y mostrándote
siempre renqueante.
De lejos con el ralentí de escopeta pareces el del tractor
amarillo. Pero sin conciertos y segando un campo interminable.
Ese trigo es la vida y muchos, con tanta matemática acaban
descalzos en un bloque de heno con una brizna de trigo en la boca.
Viéndolas venir... lo que sería en toda regla la moderna
protesta silenciosa. Que si, que no nos da por quemarnos vivos pero por eso es
moderna, porque hemos comprendido por fin que los extremos al final se
chamuscan.
Come on
baby, light my fire...