martes, 25 de agosto de 2015

EL LIENZO NEGADO A SER ARTE.




Cada cierto tiempo, como aniversario inexacto, sacamos el proyecto propio que nunca es arte. Un lienzo inacabado que intenta recoger un diario de pose interminable, como la vida misma. Con conceptos actualizados en tiempo real para correr una maratón juntos, de la mano. Tirando uno del otro, con tempo.
Y cada vez que posamos frente a él quedamos como un trapo esperando adivinar cuál es la siguiente pincelada. A veces avanzamos algo en el lienzo, otras tantas queda impasible esperando existir un pedazo más.
Con el pincel temblando ante la textura que nace y espesando el oleo que cargan sus pelos por la duda de continuar esa obra, nuestra obra.
Pero pecamos en observar al extremo todo lo que hemos pintado. Con sus trazos que cuentan las historias de donde caíste, donde amaste y dejaste de ser amado. Donde no dejas perder el recuerdo de quien ya no está. Y ver esos sueños que su color se cuartea, dando sensación de caducado.
La falta de demora es quien finalmente enseña a tus corneas el conjunto, sin despiece, para ver el traje sin solapas que viste tu lienzo. Dudando de su mensaje cuando fue construido en partes anónimas flagrantes de sensación. Ahora, la duda vuelve a retrasar su ascensión. Igual que siempre.  
Por eso nunca lo acabas; por eso pareces un trapo frente a él y solo le queda tener la esperanza de crecer poco a poco con los arrebatos que se escapan de ti. Por eso de vez en cuando intentáis conseguir otros colores, e hibernaran decepcionados por usar siempre los mismos.
Porque en el fondo ninguno queréis acabar. Sería admitir que ya no queda nada por lo que... PINTAR.


#cambialagamadecolores








miércoles, 12 de agosto de 2015

VUELVE, COCO.





Añoro ese miedo. Aterrador. Con la envoltura parda en la oscuridad daba a la imaginación un menú degustación, sin reparar en buscar lógica que ilumine los por qué. La piel se tensaba y los ojos, acojonados, se encogían apretados hasta decir basta. Toda tu respuesta era posar en taxidermia con la esperanza puesta en verlo desaparecer; y si esto no funcionaba, la llamada temblorosa a los padres que iba in crescendo a la vez que nuestras ganas nulas de cruzar el abismo fuera del colchón.
Triplicando la demanda de vasos de agua con nocturnidad y alevosía o llorando sin lágrima por compasión.

Para acabar venciendo en nuestro olvido por el cansancio que espolvoreaba la magia robada de Mr. Sandman... bring me a dream. Y volvía a amanecer como una lluvia de cal viva que arrastraba todo lo ocurrido la noche anterior. El único damnificado era siempre el peluche desnucado por nuestra ansiedad y la paciencia agotada del progenitor somnoliento.

Y la nostalgia curandera me añora su sentido. Lo disfraza fácil y entrañable en el tropiezo continuo, comparando cuando acechan los miedos reales. Con sus manos crudas y su hacer inhumano a pesar de vivir entre personas. Es el miedo adulto, el corazón débil, la derrota arrogante. Todas las veces que acaricia tu cuello la soledad. El horizonte huérfano de un caminar aislado y la perpetua amnistía de tu juicio.

Sin defensa de una madre pretoriana que los ahuyente o la manta que aísla de los monstruos habitantes bajo la cama.

Tendré que coleccionar ese miedo en su edición vintage mas especial, con su precinto intacto y su contenido exclusivo; lo que un día sacó mis lágrimas hoy son la anécdota de un mundo hueco donde el verdadero miedo te forja, y olvida donde escondió las instrucciones para soñar.
Añorando el tiempo donde dejar un pie colgando de la cama era el mayor de los temores. Donde un beso en la frente era sinónimo de tranquilidad y los miedos tenían franja horaria de tarifa nocturna. Y cuando pensabas en ellos, tu cabecita se distraía con la canción de un anuncio, y hasta más ver. 

La inocencia, Santo Grial, se llevó todo esto. Al menos quedan en recuerdos de entraña y nos acercan de vez en cuando al mejor estado humano, cuando la lucha de la felicidad se organizaba por cumplir las pequeñas cosas que lo hacían posible a cada instante. Por ello, nunca te vayas.








miércoles, 5 de agosto de 2015

GLADIUS PUGNANDI





Si el enfoque armado es a mí
y despliegas tu mirada en tropa,
enterrando la idea que me arropa
entro en defensa porque sí.

No soy guerrero catalogado y tengo enterrada mi extensión afilada; lo mismo que tardas en avasallar descarado tendré mi guardia preparada.
Con poco titubeo en el frente, no suelo temblar en el combate y aunque peque por mi ira latente muy pocas veces he necesitado rescate, siendo por causa de mi locura y desate.

Siento tu miedo en aroma,
no intentes buscarle escondite.
Cuando ya has lanzado el envite
dejaras entrever tu carcoma.

Mi mordedura será incisiva y mortal. Sin haber observado mi ponencia, en tu ignorancia compulsiva, yo tengo más que vista tu debilidad, transparente como el cristal. Repulsiva.

No buscar conflicto perfuma cautela
gastando comodín de inteligencia,
y tu victoria se cancela
por usar la baza de mi apariencia.

Reza lo que sepas, si eso el espíritu te alimenta. No tienes porcentaje de éxito ni herramienta.
Y observa. Que yo no sea jardinero no salvara tu terreno pues quedará calcinado, sin reserva. Nunca sabes quién empuña tu desafío, y en tu aprendizaje tardío perdiste el buen ojo envasando tu derrota al vacío, como en conserva.

Espíritu de lucha en letargo
siempre listo para el ataque,
compuesto en vena que embargo
cuando algún necio entra en jaque.

#siteenfrentasalmejorpierdecomoelresto

#unodecadatresflipadosselallevancalentita

#sivasdekamikazedatetúcontralapared