Así estamos. Como en otros muchos casos, yo me encuentro en el ecuador del todo, con la solvencia adquirida suficiente para poder cagarla en formato profesional y sin despeinarme.
Mirando atrás sin regocijo veo experiencias que me esculpen. Que me han perfilado para ser.
Mirando atrás sin regocijo veo experiencias que me esculpen. Que me han perfilado para ser.
Qué cantidad de aspectos inválidos cuando todo ocurre en movimiento.
Porque a pesar de los laberintos propios estamos en continuo viaje. Unos de una esquina a la otra del barrio, otros dando saltos de miles de kilómetros.
Viajar suele ser una puerta abierta a millones de emociones, de todas las clases; depende de uno mismo saber buscar la que se quiere.
Con continua compañía; mezclamos los viajes para hacerlos nuestros, muchas veces por elección y otras tantas por condena. Así llegamos a entender cómo la persona que te haría realmente feliz está fuera de tu alcance o quien te daña esta imantado a tu espalda.
Luchando altruistas, con la esperanza puesta en saber reaccionar en el último instante para no retrasarnos en un viaje donde el tiempo marca cada pauta de tu inexperto juicio, ese que llora frustrado por las noches.
Y la mochila a cuestas. Llena de objetos que modifican su número dependiendo de los recuerdos, las lecciones y en menor medida los errores. Por mucho que estos últimos quieran ser la portada del Hola personal. Y al fondo a la derecha, bien abajo, se deja una zona estanca esperando ocupar los sueños hechos realidad, dando valor al equipaje.
Que diáfanos suelen estar... un par de ellos, si no uno, deambulan en ese espacio como si fuera un estadio esperando que pase el tiempo que resta su valor.
Lo suyo es ser su "Coaching de Confianza", que menos, pero no somos de motivar. Más bien somos de superar. Y cuando un tullido emocional (adjetivo compuesto de muchos de nosotros) intenta superarse, las metas suelen ser pequeñas, lentas y comunes; acabando por desarrollar el síndrome de abstinencia ante tales migajas de logro.
Que diáfanos suelen estar... un par de ellos, si no uno, deambulan en ese espacio como si fuera un estadio esperando que pase el tiempo que resta su valor.
Lo suyo es ser su "Coaching de Confianza", que menos, pero no somos de motivar. Más bien somos de superar. Y cuando un tullido emocional (adjetivo compuesto de muchos de nosotros) intenta superarse, las metas suelen ser pequeñas, lentas y comunes; acabando por desarrollar el síndrome de abstinencia ante tales migajas de logro.
No hace falta más, la verdad. Lo inteligente sería llevar la mochila vacía o hacer limpieza cada cierto tiempo, así el viaje sería el cimiento principal, pero nos sale la vena de Mercadillo Medieval y almacenamos sin criterio con la finalidad de reciclar lo inservible.
Es una progresión propia caducada y algo chapuza.
Es una progresión propia caducada y algo chapuza.
Tanto nos centramos en las instrucciones del juego que para cuando saltamos al tablero lo hacemos cronometrados dejando en nuestro ranking un montón de viajes frustrados y muchas emociones intactas. Obviando lo más importante: todo viaje tiene principio y final, lo que sucede entre medias es lo único que obtendrás.
Es la pereza de descubrir o aprender. Terminamos viajando en círculos bien controlados y familiares no sea que se gire el tiempo y nos pille en un momento sin control.
Es la pereza de descubrir o aprender. Terminamos viajando en círculos bien controlados y familiares no sea que se gire el tiempo y nos pille en un momento sin control.
Al final, por lo que se ve, no hay ni suertes de tréboles ni escaparates sorpresa; si tal es la desilusión no busquéis otras posibilidades... creadlas. La norma es precisamente su ausencia, imposible de entender para las cabezas cuadradas de la evolución. Lo que peor llevo sin duda es esa imposición de “la vida es así” cada vez más marcada en nosotros, como si el miedo fuera portavoz de cercar cualquier señal de libertad. Otra forma de controlar más atractiva pero igual de eficiente, pensando que uno es libre cuando realmente no lo es.
Con tal mejunje de instintos heredados olvidaremos los esenciales; todo indica a que nos han dejado ganar para ver de lo que somos capaces, deben de estar flipando. Siento ser yo el que os diga que se os ha ido de las manos, como planeta en conjunto dejáis mucho que desear. Luego vendrá el drama.
Moraleja. Viaje con nosotros, si quiere gozar y disfrute de todo al pasar. Lo demás son cláusulas de treinta folios que no dicen nada y se empachan de nuestro tiempo, de la vida.
Sólo hay que dar el primer paso, simplemente viajar y dejarse de tonterías. Sin rutas. Y como mucho coleccionar postales que ocupan poco, o sonrisas que nunca darán exceso de equipaje.
.


