Ruido en la calle. Todo se activa, y los regueros de personas y vehículos van creciendo en número. Puede ser cualquier ciudad, eso es lo de menos. En el núcleo arterial de la urbe tras una puerta centenaria de los numerosos portales, entra en escena una señora algo peculiar. Doña Luisa.
Con sus 73 años y vestida como si hubiese salido de un concierto de Mocedades se dispone a dar el mismo paseo que lleva dando cerca de 10 años. Compra el pan, "marujea" con las cuatro señoras que están a las puertas de sus comercios y se vuelve a casa.
En todo su paseo explota su habilidad más significativa: su entrecejo.
Un perfecto medidor de "majaderías" que Doña Luisa interpreta a todas esas cosas que van atadas al modernismo y al progreso. Que pasa un chaval con el móvil y los auriculares, entrecejo. Que ve a un hombre sentado leyendo con su eBook, entrecejo. ¿Y si cierran a distancia un coche con la llave?, entrecejo. Es automático, similar a un gato canoso boca abajo que se eriza del susto.
Su anécdota preferida es cuando dejó de tener televisión por negarse al T.D.T. o " esas mierdas que van por el aire y dan cáncer". Cada día aprovecha para contarlo, así es Doña Luisa, y se regocija que así sea.
Su casa es un museo de los prototipos que hoy en día definen a las cosas: batidor manual, mechero de chispa, brasero de leña, cocina de carbón... lo más moderno que posee es una radio y por la idea de no estar totalmente desconectada. "Está enchufada detrás la cómoda desde hace 15 años y cualquiera la quita, a si que, ahí se queda...". Es el ejemplo más claro de la unión entre Doña Luisa y el progreso, un matrimonio a la fuerza.
Cara al invierno y coincidiendo con sus dos acontecimientos más notorios, la paga extra de la pensión y su cumpleaños, Doña Luisa prepara la visita a su tienda favorita, La Tienda de Antigüedades. Sola en el mundo, y sin nadie a quien regalar, este acontecimiento cobra en ella toda la importancia posible. Es su capricho de calendario. La tienda, situada muy cerca de la Plaza Central, es el típico establecimiento con la propuesta de no dejar un milímetro de espacio sin ocupar con cacharros y más cacharros. El dueño, Ezequiel, ya se encarga de ello abasteciendo de cosas antiguas mientras su cabeza se debate entre llevar un comercio y sufrir el síndrome de Diógenes.
La semana pasada recibió un cargamento de cosas polvorientas desde Marruecos y adelantándose a la visita de Doña Luisa ya tiene algunas cosas apartadas.
Esa misma tarde, muy dichosa, acude a la tienda. Tras los 30 minutos con la charla de rigor, Ezequiel comienza sacar todos los tesoros marroquíes sobre el mostrador; después de titubear entre tanta elección Doña Luisa se decide por un quemador de esencias con forma de minarete y adornos dorados. Toda una explosión de arte. Sin más dilación paga el inflado precio a Ezequiel por el quemador y vuelve a su casa con su nueva adquisición. Está impaciente por buscarle su sitio. Como la ausencia del televisor dejó un hueco enorme lo pondrá en su lugar, rodeado de los marcos de fotos. Además, por un módico precio lleva también esencias de aceite y velitas para el quemador. Listo para la acción.
En la noche de hoy a Doña Luisa le espera reunión de vecinos y la coge de improvisto dejando todas sus compras para bajar al rellano del portal.
Ya bien entrada la noche y después de cenar se dispone emocionada a colocar su nuevo quemador; lo prende y contempla orgullosa su nuevo objeto decorativo, "así se va el olor del patio de luces que huele a basurero..."
Estando ataviada con su costura para hacer sueño, el quemador empieza a emanar una humareda blanca y espesa de donde se dibuja una silueta extraña. Doña Luisa, muy supersticiosa, apaga el quemador y entra en pánico. - ¡Qué horror Santa María Purísima! -exclama temblorosa cuando, segundos después, comienza a materializarse un torso que se desdibuja sobre la base del humo.
Esta petrificada, lo máximo que puede hacer es sacar su estampita para besarla mientras reza entre dientes. Aquel busto empieza a recitar una jerga antigua fijando sus ojos luminosos sobre Doña Luisa, eclipsando su gesto y provocando de terror que se arrodille por piedad. De repente, ese ser mágico enmudece y le invade una risa bastante molesta; Doña Luisa sale del trance y se queda perpleja:
- ¡Ja Ja Jaaa! No te asustes, soy un genio del Oriente con poderes mágicoos...
- ¿Eh? ¿Pero qué leches es esto? Vaya mierda de cacharro moderno que me ha colado Ezequiel, ¡pienso devolvérselo!
- No deberías... puedo concederte un DESEO y cambiar tu vida para siempreee...
- ¿Qué? Pero que invento es este, si no está enchufado, madre mía que los huevos de la cena estaban malos. ¡Salmonella!
- Tranquilidad Luisa, no soy ningún artefacto ni estas enferma, solo soy un genio que concede todo aquello que imagines...
- Ya... ja ja ja ja, ya esta, a la residencia de cabeza. Pero que cabeza loca, como se estropean los cuerpos.
- ¿Cómo puedo convencerte Luisa? Tú solo pide lo que más quisieras y te lo concederé. Es mi destino, mi legado...
- ¡Doña Luisa!, que no hemos compartido aseo para esas confianzas. Esto no puede ser, es cosa del Diablo. Esto me pasa por comprar cosas de vete tú a saber dónde.
- No tengo nada que ver con el diablo "Doña Luisa", tan solo soy un ser mágico con miles de años de antigüedad y me avalan todos los deseos increíbles que he creado para el hombre. Pide, pideee...
- No me fió... ¿y si luego me posees o algo peor? ¿O me engañas y me metes en el quemador? ¿O abusas de mí? ¿O...
- ¡A ver Doña Luisa! No desvaríe hostia, que no existo de cintura para abajo... haga el favor ¡¡Y PIDA EL MALDITO DESEO!!
- Uf, que carácter, deberías salir más del quemador porque te amarga; te puedo enseñar punto de cruz, relaja mucho. ¿Has cenado algo?
-... por favor, no se descentre Doña Luisa. El deseo. Pídame el deseo y me vuelvo al minarete. Por favor... ¡YA! ¿No hay nada que desee con todas sus fuerzas?
- Hombre, pues yo que se... así en frío me pillas descolocada. ¡Jesús! Cuando le cuente esto a la frutera...
- Sabe que, nunca me ha pasado pero renuncio, me vuelvo al minarete, no hay deseo. Ala.
-¡Espere! Hay que ver qué mal genio , espera, ja ja ja no quería decir eso. Bueno. Pues que deseo... deseeo... ¡Ya está!
- ¿Siiii? Dígame, dígame ya por favor.
- A ver, deseo que todo lo moderno no exista, quiero que todo vuelva a ser como antaño... eso es, ¡QUIERO UN MUNDO RÚSTICO!
-¿?
-Sí. Todos los cables, la "tesnolgía" y esa mierda... ¡FUAS! al garete. Que sean todo cosas naturales, de la tierra. Así dejaremos de hacer el tonto con los botoncitos, ahí todo el día "tiqui tiqui"...
- Madre mía Doña Luisa, si me daba a mí que riquezas no era usted de pedir. Entonces ¿quiere que todo lo tecnológico sea sustituido por material rústico?
- Ea.
- Bueno... sea como sea, esto va a ser divertido. TU DESEO ASÍ SE HARÁ.
- Pues mira tú que bien. Y ahora metete ahí en el quemador que vas al altillo, porque madre mía lo que das por culo. Vaya horas... yo tendría que estar ya con el camisón en la cama.
Y como siempre acaba sus sentencias Doña Luisa "Chin pum, se ha acabao". Se mete en su cama y se duerme dándole vueltas a la idea en la cabeza, con cierto escepticismo.
Al día siguiente Doña Luisa se levanta montada en su rutina, con su ducha, su desayuno... y un grito clama al cielo cuando su nevera, una de las pocas cosas que gasta vatios en su casa, se ha vuelto de madera. "Santa María de Dios, que he tentado al Diablo" recita de corrillo mientras comprueba que las pocas cosas que tiene dentro no están refrigeradas.
Excitada, empieza a recorrer su casa buscando las cuatro cosas que tienen enchufe. No lo puede evitar, una pequeña sonrisilla se esboza en su cara. Igual que un niño cuando viaja a Euro Disney se viste y acicala impaciente por bajar a la calle, necesita ver con sus propios ojos como aquel genio del minarete había cumplido aquel peculiar deseo.
Nada más pisar la calle Doña Luisa se queda petrificada. Un Apocalipsis Rústico se ha desatado. El caos de pavor y desconcierto flota en el ambiente en fusión con el aire. La gente en la calle esta perpleja y envuelta en un terremoto de involución.
Todos los coches, las luces, los teléfonos... mágicamente se han transformado en madera, piedra o mimbre; sin ningún patrón establecido, como si se tratase de un juego aleatorio. Impactante.
La incertidumbre reina en todo el mundo, salvo en los países más pobres donde la diferencia ha sido mínima. A razón de buscar remedios ante tal situación no han tenido que asimilar ninguna debacle social, no están tan alejados de la transformación rústica.
La catástrofe recae sobre la soberanía del primer mundo, donde todos sus pilares se sustentan en una estructura mecánica y digital. Y todo gracias a Doña Luisa y su entrecejo implacable.
Un receso evolutivo perdido por la soberbia de confiar nuestra memoria de progreso a millones de cerebros artificiales que custodiaban nuestros inventos, avances y demás escalas del crecimiento humano. Castigados por esa manía de instaurar una rapidez sin espera en una maratón que parecemos haber olvidado su meta.
Y recuperar lo perdido no es una opción. Conforme fueron pasando los días, las semanas y los meses no había mucha disposición a intentar recuperar todo lo que se tenía anteriormente, sin la maquinaria que aceleraba todo el proceso para el hombre. El perfil urbanita es demasiado "vago" como para aunarse a luchar codo con codo en un proyecto más que faraónico, y aunque parezca mentira, hay una gran mayoría de personas en este mundo que no querían luchar por un proyecto el cual nunca tuvieron a su alcance.
Los proxenetas de la sociedad no estaban protegidos en sus castillos empresariales, ahora son meros ciudadanos sin ninguna experiencia manual, agrícola o meramente primaria; en cierta forma son castigados en la misma medida que ellos antaño se cansaron de ejecutar.
El rasero se ha equilibrado para todos, ya no se puede amedrentar a base de un poder con misiles de mimbre y armas de madera. Las grandes potencias mundiales son auténticos museos de cantera y carpintería, atestados de figuras inertes sin ningún valor que no sea el contemplativo. El éxodo de las macro ciudades es instantáneo, nadie vive tranquilo en un rascacielos de madera... y de forma irónica se empiezan a fijar en las costumbres de vida más naturales. Un nuevo enfoque ha cambiado por completo a la humanidad y, mientras tanto,... Doña Luisa sigue bajando de su casa como cada mañana, risueña. Jocosa.
Recoge partes de los coches o los semáforos de madera para hacer lumbre. Cuida un hermoso huerto que con sus vecinos han creado en las antiguas cocheras de su finca y juega a hacer trueques de prendas confeccionadas a cambio de los productos que crean otras personas. Se ha convertido en un Vademécum de la vida rural, al que todos admiran y piden consejo. Es el nuevo orden mundial, y lleva ribetes de punto de cruz.
Y su entrecejo... no ha vuelto a fruncirse. Una vez guardó a buen recaudo el minarete del genio claro está, pues nunca terminó de confiar en que, mientras viva, tenga otra oportunidad de no volver a dejar el peso de la humanidad sobre los micro procesadores.
Su vida a penas ha cambiado, a pesar de la responsabilidad de haber empujado a la humanidad al Medievo; y sigue haciendo el mismo recorrido, hablando con las mismas comerciantes pero con una sonrisa que sobresale de su cara.
Porque ha nacido el azote digital: Doña Luisa.
Y las personas interactúan constantemente. Hablan, colaboran, se divierten juntos y trabajan con un objetivo importante; algo que ya estaba olvidado para todos. Sentenciando el "dejarse llevar" y recuperando una razón para existir.
Bueno, una cosa tremendamente importante si que ha cambiado...
"Por fin me he deshecho de esa estúpida radio, que arde mejor de lo que funcionaba..."