Llegan los locos. El horizonte irritado se perfila con las
cuencas de sus ojos dilatadas. Una horda se esfuma hacia nosotros aumentando
sus filas con todo el que tenga una matriz de locura. Creciendo en plaga. Casi
bíblico, a falta de un buen bofetón de incienso.
El cielo se tiñe para brotar la locura hibernada. Con el bien y el mal amordazados vemos nacer el “todos a una”, la Utopía Sapiens. Y en esa orgía anárquica muere la civilización para resurgir la pesadilla de los cuerdos. Pobres de ellos, estandarte de clausura y buen vivir que los convertirá en el mártir que tanto idolatran. Sin dramas, están bien entrenados en el arte de auto flagelarse.
Que vienen los locos.
¿Vienen?
Pensé que ya estaban aquí... cuando veo y respiro la autodestrucción. Loco de piel inerte, de muerte maquillada y de posesión por GPS. Loco de dar vida al amor rápido, frío y egoísta. Con mandamientos esposados e hijos con vidas usurpadas por padres que no supieron vivir. Locos.
Tarados que conviven con el dolor y la barbarie acompasando la superpoblación con atrocidades.
El cielo se tiñe para brotar la locura hibernada. Con el bien y el mal amordazados vemos nacer el “todos a una”, la Utopía Sapiens. Y en esa orgía anárquica muere la civilización para resurgir la pesadilla de los cuerdos. Pobres de ellos, estandarte de clausura y buen vivir que los convertirá en el mártir que tanto idolatran. Sin dramas, están bien entrenados en el arte de auto flagelarse.
Que vienen los locos.
¿Vienen?
Pensé que ya estaban aquí... cuando veo y respiro la autodestrucción. Loco de piel inerte, de muerte maquillada y de posesión por GPS. Loco de dar vida al amor rápido, frío y egoísta. Con mandamientos esposados e hijos con vidas usurpadas por padres que no supieron vivir. Locos.
Tarados que conviven con el dolor y la barbarie acompasando la superpoblación con atrocidades.
Suenan cascabeles, la cara empolvada,
comienza la era de locura embolsada.
El joker nos viste y la demencia nos alimenta,
que de empacho revienta
y el paladar… desiste.
Engullendo sopas de veneno con porexpán de sabor y el gusto afín,
bazofia inhumana e insostenible que surten de matadero a Frudesa o al Burguer
King.
El sustrato recibido da la oferta caduca.
Y apretamos las manos sin
lágrimas de criterio sesgando hilos de vida, para embellecer la nuca que una
vez mostró cicatrices de cautiverio.
Con el latir errático, seguimos avanzando al fondo abisal
para rezar
por nuestro porte fanático, ahogados,
sin digerir la verdad susurrante del
pésimo comensal.
Suspenso vaticinado. Hemorragia mental.
No habrá recodo capaz de
refugiar nuestra tara de origen y el bufón se fumiga despiadado a la cavidad
nasal.
Ya está dentro. No hay vuelta posible.
Que reine el caos de la sonrisa triste
y despierte el castigo humano
que una vez fue inflexible.
Locos... aquí tenéis vuestra morada.

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