lunes, 15 de agosto de 2016

MANIFIESTO VENTRICULAR, SIN FOSFATOS.







Girando el café hasta vomitar, con hielo pues es de temporada, llegan a mí las doctrinas en Piedra Rosetta.

No alerto desde cuando están ahí pero hace tiempo que mi subconsciente las estudia mientras duermo, con nocturnidad y alevosía.

Reconocerlas ya es castigo, tan solo escritas pierden ese miedo exorcizado. Y además pesan demasiado, mis rodillas emocionales parecen carracas de madera y no parecen hacer fuego de cobertura a mi espalda.
Una vez arrodillado, con fatiga, la perspectiva cambia; sobre todo cuando los que te rodean ni siquiera intentan echar la vista abajo.

Solo a ras de suelo queda un gramo de sensatez y está bloqueada de vértigo. Las ocasiones se pintan calvas y en eso ya hay práctica; solo queda abrir el gotero y observar el ritmo del drenaje:



1. La Vida. Como palabra tiene un nombre demasiado genérico. Una base muy nuestra es comparar hasta el delirio, pero siempre hay falta de asistencia en su clase. No sé por qué existe esa ausencia de empatía.

Debieran cohabitar diferentes definiciones, impidiendo dormir a las conciencias. Cuando dejen de compartir definición quizás veamos por fin cuanta diferencia existe en la calidad de lo que se llama vida. Dejando sobrecargar unas a costa de muchas otras y en definitiva permitiendo que ese abismo siga desfavoreciendo a la mayoría... no hace más que difuminar su silueta. Con un catálogo básico clasificaríamos sin problema: Vida Digna, Vida de Mierda, Vida a Coste Ajeno, Vida Corta y por supuesto La Vida Padre.

Con un mapa político pintaríamos colorines y finalmente veríamos el impacto visual. Porque hoy en día es casi imposible ser un ciego que no ve, todos sabemos y permitimos "no querer ver" amparándonos en leyes con cuerpos de papel de arroz. Flotando entre nosotros según nuestra veleta marca y difundiendo un mensaje de libre albedrío con cadena perpetua. Y si no nos alienta... pues se sopla continuo para verlas ascender, lejos.

Como primer paso definiría obligatoriamente con la Dignidad, el único rasero que no debió marchar. Es el bastión común y todos tendríamos que luchar por tener una digna y por no obtenerla a costa de otras. Con la única guadaña moral que decapite toda vida sin esfuerzo y aprendizaje propio. Y podríamos asistir a la Premier de una civilización pura, sin alquitranes fumigados que nos engloba en una raza de tiznados gruñones. Qué paradoja, veríamos morir de amor al racismo...



2. Amistad. Fue un barco de esclavos, ya tiene su ironía bien tallada. Qué densa es su existencia.

A mi juicio siempre tuvo una herramienta difusa al compararse con el amor, por ejemplo. Sin saber coexistir con otras emociones por el temor de mezclarse o confundirse, la Amistad ha crecido y llegado a su madurez sola. Como todos olvidamos usarla, nuestra única solución es llevarla sobre la marcha, a lo loco.
De ahí que la frase "amigos de toda la vida" empieza a ser un poco unicornio; con todo su ecualizador desbarajustado la Amistad se reconoce pura nitroglicerina y nuestra solución es ir dando patadas al aire como el que tantea piedras.

Todo queda reducido al equilibrio de la empatía, esa niña caprichosa que sabe cómo sacarte de quicio.

La Amistad ha crecido y madurado, obviando sus necesidades mientras tratamos de imponer pautas infantiles sobre sus canas. Sigue queriendo acompañarnos en el viaje si todavía la queremos escuchar.

Una vez receptivos, abogaría por desprender estereotipos y en crudo decir a viva voz lo que pienses, innovando en cantar lo bueno y dialogar delicadamente lo malo, trazando así líneas rectas sin sombras ni humos. Sin barómetros futuristas, intentando comprender que la amistad se vuelve indestructible cuando ambas personas saben pensar en lo que necesita el otro, sin perder cada una de sus facetas. Y lapidar esa absurda manía de disgregar a fulano para pasarlo bien y a mengano para que se coma mis problemas.



3. Todo queda en... son cosas de... para eso está la... exacto, la Familia

Hoy en día sigue luchando para superar la semejanza moral con COFIDIS, tu financiera amiga, ofreciendo tal catálogo de muestra que avergonzaría a cualquiera de moquetas. En cada casa hay sus mandamientos y el "qué dirán" en la de todos.

Digamos que ha pasado a ser evaluación continua. Al dejarlo todo a la última baza la tasa de repetidores es una puta plaga, acabando por generar un verdadero carnaval familiar por esa manía tan estúpida de indultar la batalla de sangre.
La cobardía se reparte el pastel con la soberbia. Y entre medias, todos aquellos que se deleitan dejándose llevar por la corriente. Que aburrimiento por favor. Todos sabemos como acaba esto y aun así nos hemos rendido y se ha hecho bucle.

Nos hemos limitado a dejar crecer pequeñas madejas y con los años perdidos nos sentamos a ver cómo se pudren bajo los factores atmosféricos y nuestra indiferencia. Una vez tenemos suficiente recorrido como para mirar atrás, nos lamentamos de no haber hecho nada con sentimientos que inevitablemente han fallecido. Tarde.

Si quieres merecer tu genealogía no te permitas jugar con ella para tu propio interés personal. Ni pienses en manipular. En fin todas esas cosas que bajo la empatía no nos haríamos bajo ningún concepto a nosotros mismos.
El resto va rodado. Es cuestión de dar rienda suelta al amor fraterno y aprender lo que significa el concepto "unidad familiar".



4. El lubricante de la humanidad o la Kriptonita de los cantautores, solo puede ser Amor

Que combo de energía nuclear. A veces nuestra propia estampa parece un grupo de simios tirando un fusil de asalto por el aire, o por lo menos es la cara que se muestra, por eso tenemos esa imagen de descontrol frente a este sentimiento. Nos viene grande.

Parecía antaño que en nuestra evolución conseguíamos navegar en sus aguas pero nada más lejos, siglos después seguimos a la deriva. Su esencia tan pura nos asusta y nos descontrola. Y para colmo lo hemos maltratado y vejado ascendentemente, consiguiendo un mal matrimonio de conveniencia gracias a la presión social. Nos dejamos llevar a ver qué pasa; después si tenemos que montar el numerito, pues se monta. Con un par.

De ahí ese halo de amor y compañía tan extendido por todo el mundo.
Con lo simple que es. No logro entender cómo según crecemos el amor se muestra encriptado hasta parecer un rompecabezas. Lo acostumbrado que esta a nutrirse del dolor propio, como dieta macrobiótica, lo resta todavía más si cabe. 

Pero el amor vuelve, no sabe irse sin mirar atrás y perdona por defecto frente al inminente fracaso. Qué nostálgico.

Con todas las cartas sobre la mesa se descubre el Aliado Perpetuo, sin él hubiésemos tocado fondo como raza hace mucho. Se podría decir que gracias al amor hemos llegado a donde estamos impidiendo que, por ejemplo, fuésemos diezmados por una raza de berberechos ultra inteligentes que dominarían al mundo. Nada más lejos, tenemos al amor en el equipo.

Nosotros 1 -  Berberechos 0.

Qué menos que agachar la cabeza y formar parte de la devoción que merece. Y rendirse a su doctrina, amar. Lo único que alimenta el alma y la carta más fuerte para no seguir dando vergüenza ajena en la pirámide evolutiva.

Y aunque se nos escapa de las manos lo seguiremos a ciegas. Su luz blanca es lo más parecido que veremos cómo energía inmortal, una supernova capaz de hacernos volar, de alcanzar el cielo con la yema de los dedos y hacernos descender como semidioses borrachos de vida.
                            
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Como cierre caótico a lo película de serie B las palabras deberían ser pocas; no quedan huecos para finales prosaicos ni moralejas de los Hermanos Grimm, lo más entendible sería dejar las crónicas para el fondo histórico y poblar todo esto de hechos. Buenos o malos siguen formando parte del crecimiento de toda vida.

Y estos cuatro jinetes de la existencia deberían ser aliados y no enemigos. Son y siguen siendo la clave para que al final de nuestros días no desaparezcamos en la memoria de la gente con esa sensación de haber descargado un archivo Zip en vez de haber tenido una vida. Con la suerte que gastamos daría error en el 99%...










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