Expulsados del VALHALLA con el alma en paliativos recogemos nuestro jornal, sin posible orden predictivo.
A ciegas de tu trabajo, perdido entre nuestros propios paraguas, surcamos las calles con los billetes en la boca y emulando los trucos de una foca gastamos todo a destajo.
Creando del gasto un grillete, como atrezo de gargantilla, de poderoso don odioso al llanto de quiero y no puedo con falsete y goteo de babilla. Así de inerte.
Con cada milenio menos sabios y más vacíos hacia la condena de muerte.
Con cada milenio menos sabios y más vacíos hacia la condena de muerte.
Hasta que la vida no aporte valor sonante. El gasto desaforado perderá el presupuesto y entre facturas de arresto vomitaras la colada del bien material, ese que estiliza de anorexia y tras su purga de Oxi Action induciendo a la cataplexia anuncia tu final. Sin nada en los bolsillos por tu cuerpo embargado. Qué chanante.
Como buen postre saciante, quedará la nada por detrás y por delante.
Y ese vapor luminoso que vuelve a ser alma te dará la oportunidad de comenzar, sin calderilla o aval. Con el precio más elevado, el de querer respirar.

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