sábado, 10 de octubre de 2015

YO.




Por fin quiero reconocer lo que veo, y me veo apretado en todo el conjunto. Disfrazado de roca. Busco el movimiento a pesar de parecer una crisálida, y cuanto más lo intento voy perdiendo toda mi elasticidad. Robótico. El abrir y cerrar de párpados imitan melodía de bisagra vieja. Quiero ayuda pero mis oídos no entienden a nadie, sin verlo venir es como si hubiera sido desterrado en tierra de nadie. Sigo pisando la misma calle pero con diferente adoquín. Con las mismas personas que no son.
Puedo reconocer las caras que no gesticulan igual, con sus palabras que no suenan como antes.
El único referente que me queda es el cielo con sus nubes exactamente igual que siempre. Eso no ha mutado. Por tanto, se han convertido en referente de la cordura.
La raíz de todo esto es el esquema regidor, igual que un árbol genealógico, pero con su interior en carcoma. Sacrificado para alimentar en capricho a millones de insectos sin apetito. Dando muerte por un par de bocados con desgana.
Que barbarie neuronal, piensan los que habitan al otro lado... porque tal, porque pascual y fenomenal.
Claro, la empatía ha desaparecido en este momento. Al oír y no escuchar solo se sabe rebatir, sin dejar acabar,  con un "ya pero es que YO" de forma automática. Mientras tanto todo se disgrega, pintando las paredes con temple en gamas de azul rencoroso.
Porque no sufre uno menos que nadie. Y es más fácil cerrar los ojos para esperar a las sonrisas y los arcoíris. Lindo bagaje que aportamos en estas y futuras generaciones.
Y como mejor se rebate es sacando al quicio solo si es aliado. Para callar los quejidos y diezmar los lamentos que, por supuesto, no apetecen. Y así alimentar un bienestar corrompido por la desgracia ajena; siempre será más efectivo y rápido sentirse Flex con la mierda de otros.
En casa, en el trabajo, ocio... todo tiene esa película transparente lista para deshumanizar.
Si fuera de tu frontera todo se desmorona, YO ignoro lo que no me salpica en un radio de 2 kilómetros.
Si a tu alrededor se estafa como método de respiración, YO no denuncio lo que puedo aprender para mi beneficio, aunque hundas al de tu vera.
Si las personas que amas se destruyen, YO mejor me aparto que bastante tengo con lo mío.
Si trabajan como peleles a diario gracias al comercio libre y bárbaro creado por una payasa estratosférica, YO no me solidarizo y me voy a dar paseítos los domingos en plan familia Brady's.
Si estas en el paro y vas cualquier cosa donde tengas un trabajador frente a ti, YO descargo mi ira sobre esa persona porque él tiene el trabajo que no tengo.

Si piden el código binario a tu interior, YO aumento la seguridad no vuelva a ser dañado como aquella vez que ya ni recuerdo, por la distorsión que aplico constantemente.
Si ves que la vida de alguien es triste, YO seguro que las he pasado mas canutas que esa persona en alguna ocasión.
Si... si..., no. YO.

Por eso, no queda nada más que el cielo para no pensar que has sido abducido y depositado en otro planeta. Un cielo extenso y poderoso que pasa sus días cubriéndonos, abochornado por lo que cobija. Y asustado esperando en que puede acabar.
Ahora, en el mercado negro, venden unas camisetas muy difíciles de conseguir y perseguidas por la ley. Serigrafiadas con las palabras NO HAY YO SIN NOSOTROS. BASTA! pero como he dicho, están vetadas y prohibidas. En general todo lo que estimule pensar está castigado por ley. Y que viva la ley del YO, que es lo rentable.
Para mí, la vida empieza en TÚ y el ÉL o ELLA. Sin eso no sé ser feliz. Cada vez me quedan menos bazas. Menos mal que tengo el cielo y sus nubes, aunque dudo que pueda vivir eternamente como Homer en su delirio de "nube arriba, nube abajo" esperando esperar.
Sin esperanza de adaptarme a un nuevo orden extraterrestre donde las pautas quieren ser mandamientos y, por mi parte, no tienen ningún apoyo. Seguiré rascando debajo del todo con la sensación de encontrar las tres cerezas premiadas. Aunque signifique mayor esfuerzo.
Entendiendo que peor de lo que se tiene es  motivo suficiente para luchar por lo que no se ve, para conseguir vivir otro cuento donde no tiene que haber hadas pestosas y lobos medicados con lexatin.
 
 
 
 
 
 
 
 

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