jueves, 10 de diciembre de 2015

VUELVEN LOS DRUIDAS LOCOS.




Toma acidez de estómago. Me sube magma volcánico por el esófago y burbujea sin control.
Sabía yo que El Debate tendría efectos secundarios, ojalá y en Antena 3 hubiese invertido el "volvemos en 7 minutos" en publicitar Gaviscón de forma masiva para el bien general.
Que espectáculo. Una ambrosía atiborrada de conservantes y colorantes, con efecto cancerígeno en la confianza y en la inteligencia propia y colectiva.
Un derroche de talento representado en una Zarzuela 3.0 con su tragicomedia y sus entremeses.
4 mástiles. Iban a ser 5 pero este último se ha desventado como una gaseosa en un frigorífico de motel; bueno, es lo que acontece cuando el monstruo mediático no te considera ni nutritivo. Con su estampa a lo Oprah Winfrey su desarrollo ha sido de manual. Primer error garrafal.
Era como buscar donde cenar de veraneo y tras en sexto chiringuito darte cuenta de parecer estar alimentándote en una franquicia de fast food. Gusto en boca plano. Con el carácter sorpresivo de una tortuga, con hedores a fosas sépticas de índole familiar emanando de sus bocas para empañar nuestras lentes.
El efecto Mofeta vuelve para repeler de nuevo nuestra atención y recoger su victoria por aburrimiento, por lejanía y por la extrañeza de parecer hablar igual para querer decir otra cosa.
Millones de personas en sus casas frente al plasma frunciendo el ceño, aturdidos y empeñados en querer escuchar en algo que solo se sabe oír, con la capacidad de elección sin objetividad ninguna pues no se conoce. A este no lo entiendo, al mío lo interpreto y al nuevo lo lapido.
Y nos queda pasar el chaparrón de caras maquilladas y lenguas cortesanas. Con dos bastiones magulladas frente a otras dos ebrias de adrenalina. Con la batalla personal flotante, los discursos ensayados con naturalidad y los fantasmas esperando tras el cogote.
Con la única cuestión clara como reclamo, la muerte del bipartidismo, fue una canción con distinta melodía. Un intento de sucesión a la franqueza que disparaba cuchillos lo suficientemente lentos como para poder esquivarlos, si sus propios egos les dejaban.
A su favor tengo que decir, entre chascarrillos y poses, que no se me hizo pesado. Fue una función circense a lo familia Aragón, y con La Sexta de Dominatrix llegó a su meta: el reality show.
Total, que cada españolito de a pie se fue a la cama con un claro ganador hasta que al día siguiente las rameras del séptimo poder publicaron su Cayo Julio Cesar particular. A cual mejor y más meritorio.
Y el poder del reino en manos desesperadas, con un ejemplo conciso de pasar la patata caliente cuando va a ir a la basura; porque una vez el culo caiga sobre el trono se volverá a hacer un "re-decora tu vida" en el prisma básico de nuestro futuro. Volverá el Frankestein social remendado cada cuatro años incapaz ya de aguantar otro zurcido.
No sé si seré yo alarmista, pero el tiempo de protesta colectiva está durmiendo sobre un polvorín. Y la esquirla que lo prenda crece progresivamente en un país sostenido sobre brasas de hoguera.
Con el deseo maléfico en ocasiones de ver por fin ese espectáculo de pirotecnia de consecuencias nefastas para terminar de una vez con este complejo de agua estancada.
Bueno, nos queda una vez más el estreno y seguro que habrá sorpresas. Aunque sea para desprestigiar al CIS que acostumbra a mirar por encima del hombro con aires masones.
Y la gracia sigo sin verla, sobre todo al ver las sogas más prietas sobre los cuellos de todos. Mínimo exijo respeto y responsabilidad, con lo cual vamos de culo y contra el viento. Ni eso parece cultivar.
Por lo tanto solo puedo manifestar mi repudia sobre todos ellos, en particular sobre los que ejercen ya actitud de okupas en La Moncloa. No merecéis el respeto que engullís de nuestras manos; y si hay tanta gente desahogada que prefiere el caso omiso como bandera no tengo reparo el saltar por la borda con el cuchillo en la boca.
Esta vez no conseguiréis mendigar mi voto y algún día os ahogareis en el petróleo que lleváis destilando del culo a nuestra costa. Ves, así sí que estaré de acuerdo en la quema de combustible fósil.
Porque a veces lo más sensato es reducir todo a cenizas y cobrar el seguro. Buen futuro, bon apetit.

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