domingo, 21 de junio de 2015

TU HERIDA, CON GUSTO, NO PICA.




Lo he vuelto a oír. Levemente. Me tomaba un café y ha entrado gota a gota por mi oreja hasta abrir tu recuerdo cubierto de barro seco. Es el sonido característico del Volkswagen Escarabajo y su ronroneo tiroideo de motor.
Hubo una época en la que casi era sonido extinto; gracias al Vintage  se están profanando cantidad de cosas ya enterradas.
No puedo evitar tener esa reacción en automático, lista para actuar por estímulo y desconectando cualquier análisis de moral o conciencia, a veces poseídas por un  Pepito Grillo que va de estricto.
Cuanto más tiempo avanza, mas me obligo a buscarlo. Después, como un  Dron acudo al banco del bosque.
Busco el encontronazo casual, como un quinceañero. Mientras camino hacia el banco, voy recordando tus gestos, tus miradas tan fuertes. Ese tono de voz cuando te acercabas y me susurrabas; en cuanto se activa, vuelvo a sentir la carne de gallina.
Tu cuerpo desnudo, mío, entre mis manos ruborizadas y con ansia de recorrerlo.
Cuando llego al banco me quedo unos segundos de pie, recordando la última vez que estuve. Fue hace unos días y hacía mejor tiempo, ahora hay neblina...
Miro a un lado y al otro, buscándote antes de sentarme y situar mi campo de visión en su más amplio espectro.
En cuanto noto las tablas del banco en la espalda comienzo a buscar excusas; un por qué, las posibilidades de otro desencadenante, todas y cada una de las cosas que vivimos y pude haber cambiado para seguir... me resulta necio. Y cobarde. Ahora solo me castigo por tu ausencia en mi vida, con el egoísmo sellado en la frente no puedo ver más allá del sucedáneo que sustituye mi sangre caliente en las venas.
Mis ojos se ahogan al extremo, luchando por tragar las lágrimas a la par que mis ojos no dejan de buscarte. Buscarte.
No sé porque te sigo necesitando visualmente, ante mí. Algo tendrá de culpa mi completa negación a superarlo. Por no soportar la afilada idea de realidad.
Vuelvo a perder toda la tarde, sentado en el banco y abrazado por un bosque que proyecta mis recuerdos.

Que consigue el vicio insano de retozar mi agonía en lo imposible.
Quiero la visita de ficción una vez más; en mi deseo fantástico por agarrar lo que antes fue y ahora, es energía.
Quizás, después de tantos años debería ir por primera vez al cementerio. Y asumir de una vez por todas que nunca volverás.







No hay comentarios:

Publicar un comentario